Pedro Brueghel, El Viejo: “La torre de Babel” (1563). (1563) Los hombres quisieron construir una torre para alcanzar el cielo, y Dios los confundió y se marcharon en todas direcciones, dejando la torre a medio construir. Si la desmesura se apodera de una empresa, puede ocurrir el inquietante y absurdo hecho de que los cimientos y los pisos inferiores de la torre no estén acabados mientras que las capas superiores ya están construidas.

Sobre los valores de la empresa

¿Qué es el valor? El valor es una perfección, una pleni tud por la cual un ser es digno de ser apetecido o de figurar como término de una voluntad. Mas el valor no es algo extrínseco a la cosa, sino una cualidad interna a ella. Por eso, mero síntoma de que una cosa «vale» es que se relacione de manera idónea, con­veniente, a un sujeto que la apetece. Valor es el bien que puede perfeccionar a la tendencia humana; y por eso es atractivo. Pero no es agotado por el acto intelectual que lo aprehende o por la tendencia que lo desea. La respuesta individual que el sujeto da al valor no consume su contenido. En fin, para la voluntad humana, la inexistencia de una cosa no valiosa es un valor, mientras que no es valiosa la inexistencia de un valor

Portador de valor es el sujeto que con sus actos personales in corpora o realiza en distinta medida estos bienes referenciales, estas perfecciones.   Pero, ¿cuáles son los sujetos portadores de valor en la em­presa? Para responder a esta pregunta es preciso diferenciar el conjunto de elementos que se dan cita en ella, para tratar de de­finir aquellos que son verdaderos sujetos de consideración ética. Los ejemplos, sacados de nuestra cotidiana vida económica, nos ayudarán, a fuer de simples, a entender mejor algunos conceptos.

*

Materia de la empresa: capital y trabajo operativo

No nos preocupemos por definir teóricamente una empresa. Hagamos antes un análisis descriptivo, fenomenológico, de “alguna” empresa, por modesta que sea, por ejemplo, la que co­nocemos cerca de nuestro barrio y que puede ser de transportes. ¿Qué observamos en ella? En primer lugar, bastante movimiento, no sólo de vehículos, sino también de personal que limpia carro­cerías, revisa motores, traslada equipajes, anota salidas…; obser­vamos un “conjunto de actividades”. Pero además caemos en la cuenta de que el edificio, los vehículos, las máquinas y los medios son de alguien, deben pertenecer a una o a varias personas físicas o jurídicas, son “bienes patrimoniales”. Por último, observamos que todos los individuos que se mueven dentro de la empresa cumpliendo funciones precisas (de conductor, de cargador, de anotador, de secretario, etc.), no deambulan al azar, sino que mantienen “relaciones de hecho” orientadas por una finalidad.

Sigamos observando. Esa modesta empresa, instalada en una próspera ciudad que mantiene vínculos comerciales con el resto del país, se inserta en un “proceso económico” amplio, dentro del cual cumple ella una “función” peculiar: es el «aspecto dinámico» de la empresa.

Por último, dicha empresa presenta una organiza­ción interna y externa cuyas relaciones están sometidas a leyes establecidas por órganos competentes: es el «aspecto estático» de la empresa, la cual se encuentra siempre bajo un marco institu­cional, jurídico y político.

*

Recursos de la empresa

Sea estáticamente, sea dinámicamente, la empresa contiene, en su composición material una serie de re­cursos:

•  Trabajo: un conjunto de actividades, realizadas por hombres que operan en la empresa y obtienen de ella su medio de subsistencia. La índole de estas actividades está en función del tipo de empresa. Pues hay empresas de extración, que sacan los productos de la naturaleza, creando los bienes útiles; empresas de transformación, que hacen que los bienes cambien de forma y se hagan más útiles; empresas de transportes, que desplazan en el espacio los distintos bienes para que muchos puedan utilizarlos; de comercio, que proporcionan al consumi­dor la cantidad necesaria de productos; y de servicios, que facilitan la gestión económica, como las entidades bancarias, las compañías de seguros, etc.

•  Capital, entendido de manera general como un bien económico aplicable a la producción de otros bienes: capital puede ser un bien particular, como el oro, o una actividad industrial.

• Bienes materiales son los conseguidos por el hombre en su esfuerzo por dominar el mundo exte­rior. Los bienes materiales pueden tener carácter real y efectivo, como los bienes «físicos», o pueden tener carácter abstracto. Los bienes físicos son du­rables o efímeros: los primeros, también llamados «capital fijo», subsisten al término de cada acto de producción (máquinas, equipos, almacenes); los se­gundos, llamados «capital circulante», desaparecen durante el proceso de producción en provecho de otros bienes (materias primas o productos semiaca­bados que se incorporan a la producción). Ahora bien, el capital físico, por muy estable que sea, acaba desgastándose y extinguiéndose a lo largo del tiempo. Mas no con ello se reduce su expresión monetaria, capital en abstracto, sino que aumenta; el capital fi­nanciero es la disponibilidad misma del capital, va­riable en el tiempo.

Bienes inmateriales son los recursos de co­nocimiento: la empresa es cada vez más una organi­zación de saber, cuyos precios de coste reales son los que corresponden a los trabajadores de la inteligen­cia, mucho más caros que los trabajadores manuales. Imprescindibles son, por ejemplo, el investigador y el analista de mercados, los cuales, aunque no tengan poder decisorio, indican con claridad el proyecto que se debe impulsar o abandonar, las posibilidades con­cretas, las necesidades por cubrir y los resultados de­seables

•  Relaciones subsiguientes de integración social, eco­nómica y jurídica.

• La empresa busca, en el ámbito de los bienes reales, la combinación más favorable entre los factores utiliza­dos y los productos.

• La empresa realiza, en la esfera financiera, el equili­brio entre los medios financieros y las obligaciones contraídas.

• La empresa es una célula de creación de renta o in­gresos: de ella se benefician monetariamente al menos la mano de obra y los equipos, los cuales revierten ese flujo monetario en otras unidades económicas.

• La empresa es un centro sociológico de potenciación regional en la moderna sociedad industrial.

En resumen, los elementos materiales de la empresa son los factores de producción: • Trabajo operativo: mano de obra. • Capital: bienes materiales e inmateriales. ¿Pero definen de verdad estos elementos la empresa como tal? No. Son su mero cuerpo; pero les falta el alma, el espíritu de iniciativa que marca el «hacia dónde», la imagen de un orden destinado a producir beneficio, imagen que, por su poder de atracción, pone en marcha todos los elementos materiales, dándo­les una forma ordenada a un fin, y propicia unas relaciones de integración social. El beneficio buscado puede ser evaluado en términos ampliamente sociales (por ejemplo, el beneficio cultural y educativo de una institución docente e investigadora) y no sólo en términos específicamente económicos. Sin embargo, para ejemplificar los problemas es conveniente atenerse a los términos económicos.

*

La forma de la empresa: trabajo dispositivo

 En la empresa, además de los elementos materiales, podemos indicar los formales, los cuales se resumen en el trabajo dis­positivo[1], tanto originario (dirección) como derivado (planificación y organización). La dirección, en sentido estricto, es la fuerza que mueve el proceso empresarial y no puede ser delegada. En cambio, pueden ser delegadas la planificación y la organización.

La función directiva constituye la forma de la empresa. El acto directivo decide qué tipo de factores elementales se deben adquirir, cómo se deben combinar para conseguir un producto o una prestación de servicios, qué tipo de financiación se debe apli­car y cómo se deben distribuir y vender. En la actualidad se tiende a separar las nociones de «directivo» y «empresario». El directivo es el que ejerce el trabajo disposi­tivo de planificar y organizar: es capaz de encontrar problemas y proponerles jerárquicamente soluciones alternativas, indicando las personas idóneas que pueden llevarlas a cabo. Mas el trabajo dispositivo del empresario es muy peculiar, pues dirige innovando, como se verá más adelante. Cuestión distinta es dónde se halla esa forma, si dentro o fuera de la empresa misma. Pues ocurre que la dirección económica general se encuentra a veces centralizada fuera de la empresa, en ámbitos estatales de gobierno. Tanto en el sistema de «economía libre» (uno de cuyos ingredientes es la propiedad privada de los medios de producción), como en el sistema de «economía centra­lizada» (donde los medios de producción son de propiedad esta­tal) existe una dirección, una organización y una conducta de la empresa frente a los consumidores. Pero en una economía con di­rección centralizada, productores y consumidores dependen del plan económico general. Sea cual fuere el sistema social-económico (libre/centralizado), la empresa realiza las funciones económicas que, por una parte, sostienen el sistema social íntegro y, por otra parte, dan ocupa­ción laboral a un elevado número de ciudadanos en activo. Sea de retroceso o sea de progreso, la coyuntura económica por la que pasa la empresa condiciona los comportamientos de la población, negativamente en un caso, positivamente en otro.

*

  La universalidad del trabajo en la empresa

 Tanto el trabajo operativo como el dispositivo son formas de mantenimiento y desarrollo de la humanidad del hom­bre. Trabajo entendido como una actividad transitiva que empieza en el sujeto humano y se dirige hacia el objeto externo, hacia el mundo para dominarlo y, en esta tarea, para hacerse el hombre más libre, más sujeto. Mediante el trabajo el hombre transforma la naturaleza para adaptarla a sus propias necesidades y, en esta adaptación, el hombre se cambia también: se realiza a sí mismo como hombre. El trabajo en la empresa es un reflejo de este des­tino universal del hombre, pero en un nivel histórico propicio, en el cual el hombre elabora, mediante la técnica y la cooperación solidaria, productos adaptados a sus necesidades, contando con los recursos naturales. En esta tarea se dan cita el trabajo físico y el intelectual. Pero la actividad del trabajo proviene del sujeto humano como ser que de modo racional obra por proyectos y decide en cada caso su propia realización y su destino. O sea, el sujeto del tra­bajo es la «persona», a la que debe servir toda forma de realiza­ción humana. De ahí se sigue el valor ético del trabajo, en el que lo importante no es tanto el tipo de trabajo realizado (por extra­ordinario que este pueda ser) cuanto el carácter personal de quien lo ejecuta. El trabajo no es una fuerza anónima, o una mercancía que el trabajador vende al empresario. Pues no está el hombre en función del trabajo, sino inversamente el trabajo en función del hombre. El trabajo humano —tanto operativo como dispositivo— no puede ser colocado, dentro de la empresa, como un instru­mento, en el mismo nivel que los medios de producción. Dentro de la empresa moderna, la persona humana, en cualquier caso, ha de ser reconocida como sujeto, autor y fin del trabajo. Si de otro modo fuera, la empresa pondría las bases para la degradación del hombre como sujeto de trabajo, por ejemplo, mediante su explo­tación para el beneficio, haciendo que el capital fuese el agente y el fin de la producción. Sería contradictorio que en el proceso de ennoblecer la materia quedara el hombre mismo disminuido en su propia dignidad.

*

 La empresa como institución social

  En cualquier caso, dentro de su entorno social y económico, la empresa puede ser reflejada en el siguiente cuadro:

  La empresa es una institución social con vida propia, en la cual se pueden apreciar dos direcciones de actividad: hacia dentro y hacia fuera[2]Hacia dentro, mediante la seleción y contrato del trabajo operativo (los trabajadores), disposición y distribución de los re­cursos financieros, materiales y técnicos, y coordinación del conjunto para obtener un buen rendimiento. El beneficio se ob­tiene no sólo por la aparición de nuevas oportunidades, sino por la precisa organización interna que reduce costos, aumenta la productividad y suprime la ineficiencia. Hacia fuera, mediante la compra de materias, acogimiento de capitales a crédito, estudio de mercados, venta de productos y relación con empresas e instituciones. Siempre la actividad in­terna se subordina a la actividad externa, pues el objetivo de la empresa está en vender (bienes y servicios). Quiere esto decir que en la empresa, aparte de las exigencias de los propios trabajado­res, aparecen también comprometidas las actividades intenciona­das de socios inversores, de proveederos, de clientes e incluso del mismo Estado como garante del bien común. En ella cuentan no sólo los riesgos del empresario, sino la de todos los que, por sus intereses y derechos, se ven coordinados a ella interna e externa­mente. Dos órdenes de actividades que se han de encontrar tam­bién en la empresa colectiva, como la sociedad anónima.


[1] Erich Gutenberg afirma que el “factor dispositivo” de la empresa es el que configura la combinación de los factores elementales de capital y trabajo (mano de obra): “es aquel centro de la actividad empresarial que dirige planificando y configurando el acontecer del conjunto empresarial” (Grundlagen der Betriebswirt­schaftsleh­re, I Die Produktion, 197017, p. 6. De modo que el componente huma­no de la empresa se reparte entre el trabajo vinculado directamen­te al objeto y el trabajo dispositivo. Hay traducción castellana de la obra de Gutenberg bajo el título de Fundamentos de economía de la empresa, Barcelona, 1960-61.

[2] Juan Marcos de la Fuente, El empresario y su función social, Fundación Cánovas del Castillo, Madrid, 1983, p. 101.