Sección: 6.4. Modernos (página 2 de 3)

Descartes, Hume, Locke, Leibniz, Spinoza, Kant, Fichte, Schelling, Schopenhauer, Nietzsche,

Superación de la historia alienada, según Marx

Pieter Brueghel: “El reino de Jauja” (1567). Jauja es un lugar paradisíaco, completamente utópico, donde existe comida abundante gratis, pagan por dormir y fustigan a los hombres que trabajan.

Pieter Brueghel: “El reino de Jauja” (1567). Jauja es un lugar paradisíaco, completamente utópico, donde existe comida abundante gratis, pagan por dormir y fustigan a los hombres que trabajan.

Presupuestos para la actuación individual

 

La salida de la historia alienada sólo tiene un nom­bre en Marx: “revolución”, entendida como liberación del trabajo, eliminación de las diferencias de clases y nueva organización de la sociedad.

En el marxismo se puede distinguir la causa última y la causa próxima de la revolución. Causa última es el conflicto entre el modo de producción y el modo de apropiación; ella es independiente de la voluntad in­dividual. Causa próxima es la voluntad humana, en la medida en que se hace consciente de ese conflicto, de esa lucha de clases, esforzándose luego por im­plantar un orden nuevo sobre las ruinas del antiguo.

Pero la revolución no se hace por encargo; no es una obra que dependa inmediatamente de la voluntad individual. Para que ésta pueda actuar requiere que se den tres presupuestos básicos:

1º Presupuesto económico: que el capitalismo se halle en un alto nivel económico.

2º Presupuesto político: que la contradicción entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción se hayan agudizado al máximo.

3º Presupuesto social: que el proletariado industrial constituya la mayoría de la población.

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Pascal y los probabilismos

 

Estatua de Blaise Pascal, pensador francés del siglo XVII, esculpida por Augustin Pajou en 1781.

Estatua de Blaise Pascal, pensador francés del siglo XVII, esculpida por Augustin Pajou en 1781.

El siglo XVII y el probabilismo

1. El siglo XVII fue una época trepidante en los movimientos intelectuales europeos.

De un lado, surgieron las grandes tendencias que, como el empirismo inglés y el racionalismo francés, marcarían el destino filosófico de las Universidades.

De otro lado, y dentro del pensamiento cristiano, prosiguieron los estudios que, inspirados en el Concilio de Trento, se ocuparon no sólo del aspecto teológico de la relación entre la libertad humana y la gracia eficaz divina, sino también del aspecto moral de la relación de la conciencia humana con la ley natural y las leyes civiles. La primera mitad de ese siglo XVII fue más metafísica, atrapada en debates desatados preponderantemente entre dominicos y jesuitas acerca de los decretos divinos sobre la libertad humana; bastaría acordarse de las interminables controversias romanas “De auxiliis”, amparadas, de una parte, en la postura  del dominico Báñez y, de otra parte, en la del jesuita Molina sobre la “ciencia media”. En cambio, la segunda mitad de este siglo XVII fue más de tipo moral, atrapada también en la prolongada controversia entre los que defendían un escrupuloso rigorismo moral, como los jansenistas, y los que se alejaban de una severidad moral exagerada, entre los cuales se hallaban ilustres representantes de varias órdenes religiosas, como dominicos, mercedarios y jesuitas. En lo sucesivo voy a referirme a este aspecto moral –que es el que tiene que ver con el probabilismo–. Continuar leyendo

Amor romántico. Notas sobre Schleiermacher

 

Jacques Louis David (1748-1825): “Retrato del matrimonio Lavoisier”. Aplica a la pintura los principios "eternos" del clasicismo. Los esposos Lavoisier rehicieron el campo de la química, orientaron los estudios sobre la combustión, y descubrieron el gas El colorido con que presenta al matrimonio es traslúcido y brillante.

Jacques Louis David (1748-1825): “Retrato del matrimonio Lavoisier”. Aplica a la pintura los principios “eternos” del clasicismo. Los esposos Lavoisier rehicieron el campo de la química, orientaron los estudios sobre la combustión y descubrieron el gas. El colorido con que presenta al matrimonio es traslúcido y brillante.

 Feminización del amor en la Lucinde de Schlegel

 

El amor libre y la emancipación de la mujer.- Tanto Kant como Fichte y Hegel[1] rechazan explícitamen­te el en­foque puramente físico del matrimonio, en su mera exis­tencia natural, como si sólo fuera “una relación entre sexos”. Ni la Ilustración ni el Romanticismo habían caído en tan craso error: la primera, por la severidad legal con que realza el matrimonio; el segundo, por la profundidad psicológica que encuentra en sus relaciones.

En el siglo XVIII seguía vigente el matrimonio convencional: a las mujeres las casaban sus familias, siguiendo ordinariamente criterios econó­micos o sociales. Por ejemplo, Dorothea, hija del filósofo Moses Mendelshon, es entregada según costumbre judía al banquero Simon Veit. Algún tiempo más tarde, Dorothea y Friedrich Schlegel se enamoran y realizan una unión libre que los contemporáneos vieron reflejada en su novela Lucinde. Ein Roman, escrita en 1799.

Friedrich Schlegel había sido inspirado por el Sturm und Drang en su teoría del amor libre y de la emancipación de la mujer. En el fragmento 34º del “Athenäum” llega a decir am­pulosamente que casi todos los matrimonios son concubinatos y que no ve lo que se puede objetar a un matrimonio a cuatro[2]. Continuar leyendo

Amor femenino y magnanimidad masculina. Una teoría de Fichte

 

William Hogarth (1697-1764): “Contrato matrimonial”. El tema es un matrimonio de conveniencia entre la hija de un adinerado burgués y el hijo de un arruinado noble, ambos sometidos a la voluntad de sus padres. Al fondo se encuentran el novio, que se mira en el espejo; y la novia que, con aspecto abatido, es consolada por su abogado. Una escena repudiada por Fichte.

1. Sentido supraindividualista del amor

 

Del amor parte Fichte con el objetivo de es­tructu­rar su teoría del ma­trimonio. Para cumplir ese obje­tivo, empero, Fichte asigna el amor a una de la partes, a la mujer primordialmente, dejando pa­ra la otra parte, el varón, el ejercicio paralelo de la magnani­midad. O sea, Fichte traza los parámetros definitivos de la femi­niza­ción del amor y de la masculinización del matrimonio.

Además, si para Kant existe el deber de casarse sólo cuando ha de dar­se la relación sexual, en cambio, para Fichte la determina­ción objetiva y moral del ser humano exige siempre entrar en el estado del matrimonio. Esta exigencia –también compartida des­pués por Hegel– proviene, según Fich­te, del ámbito antropoló­gico y moral, y proclama la absolutización de la conyugalidad.

El “amor” es considerado por Fichte desde dos perspectivas: la metafísica y la ético-antropológica. El enfoque metafísico fue tratado por él ampliamente en su obra Iniciación a la vida feliz (1806)[1], a propósito de la relación que tiene el hombre con el absoluto. Este amor expresa en el hombre a la vez un estado de división y una aspiración a la uni­dad. División, por ejemplo, entre dos dimensiones reales del existente; o entre lo que un existente fácticamente es y el modelo ideal de su ser verdadero. “El amor reúne y religa de la manera más íntima el yo dividido que, sin amor, sólo se contemplaría fríamente y sin ningún interés”[2]. Esa relación metafísica es sinó­nima de “amor”, el cual tiene carácter unitivo. La vida verdadera ama lo uno, inmutable y eterno, es decir, a Dios[3], que es un absoluto no personal.

Desde el punto de vista ético-antropológico, el tema del amor y del matrimonio fue estu­diado por Fichte, dentro de las obras que él mismo publicó, en Fundamento del Derecho Natural (1796)[4]y Sistema de teoría moral (1798)[5], cuyo clima mental es filosóficamente posrevolu­cionario, en el que conceptos tan fundamentales como libertad, responsa­bilidad y familia –junto con el de las relaciones entre los sexos– sufren un proceso de redefinición. Asimismo encon­tramos in­teresantes observaciones en algunas cartas y parciales desa­rrollos en los siguientes inéditos: Sistema de teoría del derecho[6], Lógica y Metafísica[7], Lecciones sobre los aforismos de Platner[8] y sobre Moral[9]

Al estudiar el matrimonio –punto focal del amor–, Fichte pretende superar el individualismo jurídico y el individualismo libertario[10]. Continuar leyendo

Amor, matrimonio y celibato. Sobre Kant, Fichte y Hegel

Jean Béraud (1849-1935): “La Magdalena en casa del Fariseo”. Una escena impresionista que traslada una enseñanza evangélica al mundo moderno, siempre con la misma actitud de aturdido asombro ante actitudes de perdón o de sincera entrega a Dios.

1. Amor y persona

 

a) Incondicionalidad de la entrega esponsalicia

 

La propuesta kantiana de centrar el tema de la sexualidad en la idea de persona tiene en sí misma un excepcional interés, tanto desde el punto de vista antropo­lógico como moral, a pesar de la estrecha idea que el Regiomontano se formara de la sexualidad y del amor. Exige la integración del amor –y no sólo del amor– en la unidad de la persona, pues esta integración impide que la per­sona sea tratada como cosa.

Las tendencias cosificantes son permanentes en nuestra cultura, tanto en tiempos de Kant como ahora, especialmente en las for­mas individualistas y socializantes que subordinan la persona a alguno de sus aspectos.

Schlegel y Schleiermacher venían a decir que todos los hom­bres son libres e iguales por naturaleza, teniendo por ello dere­cho todos a la felicidad y, en particular, a esa forma de felicidad que se llama amor, buscado libremente. A esa tesis parece que nada podría objetarse, salvo que conlleva un mensaje subliminal –quizás no sopesado suficientemente por ellos mismos–, a saber, que las tendencias amorosas están en nosotros para que las siga­mos, sin considerar sus consecuencias o sus repercusiones en el hijo, en el cónyuge, en la sociedad entera; en tal caso uno es mo­ralmente virtuoso sólo cuando es sincero con esas propias ten­dencias y las deja ir de suyo. Según este mensaje, el amor se bas­taría a si mismo; sería incluso «inmoral» subordinarlo a algo: con buscar el bien propio quedaría satisfecho y realizado el amor. Lo que ocurre es que, a pesar de las idílicas invocaciones al altruismo y a la unidad amorosa expresadas por Schlegel y Schleiermacher, el propio instinto sexual acaba ordenándose sólo al placer individual. Continuar leyendo

Por naturaleza: el sentido de Antígona según Hegel

Antígona tiene el coraje de enfrentarse a las decisiones de Creonte, quien había prohibido dar sepultura a Polínice, hermano de Antígona. Esta decide rendir homenajes fúnebres a su hermano, a costa de su propia vida. La obra de Sófocles plantea la cuestión de si deben obedecerse las leyes humanas o las divinas, si son más importantes las leyes escritas que las no escritas. Un tema de actualidad.

 1. La tragedia de Antígona

La tragedia de Antígona, magistralmente concebida por Sófocles en Atenas 441 años a.C., significaba para Hegel el más alto presenti­miento que el mundo antiguo tuvo sobre el sentido ético de la mujer en la familia. Densas páginas de la Fenomenología del Espíritu (con­cretamente los dos primeros títulos completos de la penúltima parte, dedicada al espíritu o Geist) se proponen desentrañar ese sentido.

Dicha tragedia comienza en el momento en que Creonte manda honrar pomposamente el cadáver de Etéocles y prohibe ente­rrar el cadá­ver de Polínice, condenado a ser pasto de animales carro­ñeros[1].

Antígona es el paradigma de la «piedad» (eusébeia)[2], del culto a la unidad de la familia. Siente la necesidad imperiosa de dar sepultura a ese hermano sublevado contra la «patria», pues el acto de enterra­miento es el modo de devolver el muerto a los ancestros, al ámbito de su familia. Por la noche, aprovechando un descuido de la guardia, cu­bre de tierra el ca­dáver; pero es sorprendida y llevada ante el rey. Continuar leyendo

El fracaso de ser uno mismo: Apunte sobre Nietzsche

José de Ribera (1591-1652): “Sileno ebrio”. Con estilo naturalista y una estética colorista, pinta a un Sileno que se aferra a la copa, la única realidad que aparentemente le presta seguridad, en cuanto que es continuamente colmada de vino.

 

 1.     Del sueño apolíneo a la embriaguez dionisíaca

La concepción moderna de la historia responde, según Nietzsche, a la medida de las masas adocenadas: el proceso que esa historia traza viene a ser un sistema universal del egoísmo racional del Estado que, con su poder militar y policial, proyecta un camino fácil hacia la instauración de la mediocridad. Por eso Nietzsche exige, en primera instancia, que la historia se piense desde las grandes individualidades:

“Un día llegará en el que las masas no sean ya tomadas en consideración, sino de nuevo los individuos, que son una especie de puente sobre el río tumultuoso del de­venir. Estos no siguen un proceso, sino que viven temporalmente […] como la re­pública de los geniales; un gigante llama a otro gigante a través de los desiertos inte­respacios de tiempo […] La meta de la humanidad no puede estar al final, sino sólo en sus más altos ejemplares”[1].

Pero, una vez utilizado el genio o el gran individuo para barrer el sentido racional del Estado, paradójicamente Nietzsche indica que el des­tino supremo de todos los hombres está en la comunión irracional y en la indistinción natural dentro  de un mundo dionisíaco. En un texto del Nacimiento de la tragedia señala la meta que el hombre debe conseguir en el mundo para sentirse lleno y perfecto, mediante una transformación es­catológica, similar a la preconizada por los joaquinistas del siglo XII en el «Evangelio eterno», evangelio de la alegría y de la plenitud del gozo:

 “Bajo la magia de lo dionisíaco no sólo se renueva la alianza (Bund) entre los seres humanos: también la naturaleza enajenada, hostil o subyugada celebra su fiesta de re­conciliación (Versöhnungsfest) con su hijo perdido, el hombre.[…]. Ahora, en el «evangelio de la armonía universal», cada uno se siente no sólo reunido (vereignigt), reconciliado (versöhnt), fundido (verschmolzen) con su prójimo, sino uno (eins) con él, cual si el velo de Maya estuviese desgarrado y ahora sólo ondease de un lado para otro, hecho jirones, ante lo misterioso Uno-Primordial (UrEinen). Cantando y bai­lando manifiéstase el ser humano como miembro de una comunidad (Gemeinsamkeit) superior […][2]. Continuar leyendo

Nietzsche y las claves del ateísmo contemporáneo

Friedrich Wilhelm Nietzsche (1844-1900). Filósofo alemán. Hizo una crítica muy intensa a la cultura, la religión y la filosofía occidental. Entre sus principales obras destacan: El nacimiento de la tragedia en el espíritu de la música; Sobre verdad y mentira en sentido extramoral; Humano, demasiado humano; Aurora. Reflexiones sobre los prejuicios morales; La gaya ciencia; Más allá del bien y del mal.

Las transformaciones del espíritu

 

A explicar el sentido de la existencia humana se encaminan las primeras palabras que Nietzsche pone en boca de Zaratustra ‑tras el discurso proemial de su libro Así habló Zaratustra‑, las cuales dibujan el sentido del curso histórico[1]:

“Os voy a hablar de las tres transformaciones del espíritu; de cómo el espíritu se trans­forma en camello, y el camello en león, y el león, finalmente, en niño”.

 Voluntad dócil o voluntad heroica ante el pasado; voluntad lúdica ante el presente. La voluntad heroica se precisa para conseguir la más impor­tante, la voluntad lúdica. Estas tres transformaciones acontecen en una soledad sin significados previos, en un desierto de sentido.

 

a) En primer lugar, habla de cómo el hombre se transforma en un ser religioso y moral, aceptando y reverenciando valores que el pasado o la tradición estima transcendentes, con la dócil y humilde actitud del came­llo.

 “¿Qué es pesado?, pregunta el espíritu sufrido, y se arrodilla como el camello y espera a que le carguen. ¿Qué es lo más pesado, héroes?, así pregunta el espíritu sufrido para tomarlo sobre sí y alegrarse de su fortaleza, […] semejante al camello que va cargado al desierto, es decir, que marcha hacia su desierto”. Continuar leyendo

Sexualidad y dignidad personal, según Kant

 

Rembrandt Harmenszoon van Rijn (1606-1669): “Con su esposa Saskia”. Combina con delicada habilidad, energía y poder un tratamiento de la relación amorosa que rebosa simpatía.

1. Sexualidad como amor

 

Kant vivió hasta su muerte una soltería impuesta y sin un pro­yecto personal de familia: su vocación decidida estaba orientada a la “ciencia”, la única alter­nativa femenina que permitió en su vida[1]. Sin embargo, trabajó incansablemente y de modo original por comprender el fenómeno de la sexualidad en sus dimen­siones antropológicas, éticas y jurídicas, articuladas especialmente en el matri­monio. Es más, llegó a escribir: “El hombre no puede lo­grar gozo alguno de la vida sin la mujer; y esta no puede calmar sus necesidades sin el hombre”[2].

Ahora bien, en la obra capital donde Kant plantea el problema del matrimo­nio, en su Metaphysik der Sitten de 1797, sus tesis sobre el particular aparecen envueltas en una terminología apa­rentemente objetivista y jurídica. Parece que carecieran de alma y humanismo las frases que determinan el matrimonio como “derecho personal con índole de cosa”, o sentencian que “el hom­bre adquiere una mujer” y “en el matrimonio una persona hace un uso recíproco de los órga­nos sexuales de otra”. Continuar leyendo

Hegel sobre matrimonio, mujer y familia

El pintor francés Jean-Marc Nattier (1685-1766), recrea en esta “Escena galante” un modo artificioso de relación social sublimada en el tiempo de Luis XV.

1. Amor, trabajo y mando en la Reforma.

De una manera general se puede decir que el con­tenido de lo designado por Hegel como «moralidad» (Moralität) se encuentra en la Etica Nicomaquea de Aristóteles; mientras que lo que él entiende por «eti­cidad» (Sittlichkeit) se corresponde con lo que el Es­tagirita había tratado en su Política.

En efecto la Política de Aristó­teles establece tres niveles de adecuación del hombre a sus distintas necesidades: el plano de la procreación, el de la conservación y el del régimen político. Para lo primero, se exigía el matrimonio (comunidad conyu­gal); para lo segundo, era preciso la riqueza propia (comunidad económica); para lo tercero, la organiza­ción de mando y obediencia entre iguales (comunidad política). Continuar leyendo

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