Sección: 5.Historicidad (página 3 de 6)

Naturaleza humana, evolución e historia

Pinturas rupestres prehistóricas de las cuevas de Lascaux (Francia): datan del 13.000 a.C. y fueron realizadas con pigmentos rojos y ocres soplados a través de huesos huecos sobre la roca, o aplicados con juncos o ramas aplastadas después de mezclarlos con grasa animal. El trazo y la utilización de los colores demuestran un grado de inteligencia nada común.

Pinturas rupestres prehistóricas de las cuevas de Lascaux (Francia): datan del 13.000 a.C. y fueron realizadas con pigmentos rojos y ocres soplados a través de huesos huecos sobre la roca, o aplicados con juncos o ramas aplastadas después de mezclarlos con grasa animal. El trazo y la utilización de los colores demuestran un grado de inteligencia nada común.

1. El evolucionismo

El problema de la historia es el de la novedad que la libertad aporta en el tiempo. Esta novedad histó­rica tiene su origen en una novedad ontológica, a sa­ber, la de la misma libertad. Porque si la libertad viniera a coincidir con cualquiera de las capas onto­lógicas susceptibles de explicación estrictamente bio­química o biofísica, no tendría sentido plantear la aportación histórica como una novedad ontológica: la historia coincidiría con la evolución, la cual cul­minaría, por su propio mecanismo efector, en lo que se llama la «libertad». La evolución complejificaría a los organismos (evolución biológica) y complejifi­caría a la humanidad en las acciones (equívocamen­te) libres. El universo entero manifes­taría la com­plejificación creciente de una energía básica, sólo diferenciable en varios niveles, distintos en grado, pero no en esencia[1].

Pues bien, el «evolucionismo», en sentido estricto, es la doctrina de quienes afirman que la multiplici­dad de la vida psíquica y orgánica proviene de unas pocas formas primitivas, o quizás de una sola, en­tendida como materia inorgánica. Continuar leyendo

Eterno retorno y destino inexorable, entre los antiguos

Giovanni di Niccolò Luteri, Dosso Dossi (1490–1542): “El sabio del globo y del compás”. Se trata de una alegoría del círculo geométrico del mundo. El sabio observa y mide la posición de un astro con la ayuda del compás, teniendo como fondo la silueta circular del universo.

Giovanni di Niccolò Luteri, Dosso Dossi (1490–1542): “El sabio del globo y del compás”. Se trata de una alegoría del círculo geométrico del mundo. El sabio observa y mide la posición de un astro con la ayuda del compás, teniendo como fondo la silueta circular del universo.

1. Cambio y pesimismo

 

Para un antiguo la historia humana se asimila a la del mundo de las cosas na­turales, cuyo despliegue temporal posee una estructura circular; de modo que la libertad del hombre singular es absorbida por lo inexorable del acontecer cós­mico, el cual se refleja en los períodos cíclicos de las civilizaciones.

¿Poseían los griegos un órgano apropiado para percibir la histo­ria? ¿Tenían «sentido histórico»? No han faltado autores (como E. Schwarz, W. Netsle y Max Müller) que opinan que el mismo he­cho de una historiografía griega (Heródoto, Tucídides, Polibio) prueba la existencia de un sentido histórico. Pero ¿se puede pasar directamente de la presencia de aquélla a la existencia de éste? Debido a la convicción, por los antiguos sentida, de una ley ine­xorable y fatal que los regía, no llegaron a dos factores concretos e indispensables que articulan el sentido histórico: el papel transcen­dente de la actividad libre en el proceso temporal y la función unificadora de un ideal común (universal) al que tendiera ese pro­ceso[1]. Continuar leyendo

La naturaleza social de la persona humana

Rembrandt Harmenszoon van Rijn (1606-1669): “Ronda militar”. Los personajes están dispuestos en varios planos de profundidad, realizando acciones diversas que llenan de dinamismo la escena, la cual incluye niños, perros y mirones. Consigue un acorde de rojos, amarillos y negros con el poder sugestivo del claroscuro. Rembrandt pinta un grupo

Rembrandt Harmenszoon van Rijn (1606-1669): “Ronda militar”. Los personajes están dispuestos en varios planos de profundidad, realizando acciones diversas que llenan de dinamismo la escena, la cual incluye niños, perros y mirones. Consigue un acorde de rojos, amarillos y negros con el poder sugestivo del claroscuro. Rembrandt pinta un grupo en el que convergen todos los niveles sociales.

1. Individuo y sociedad

El hombre, en cuanto histórico, está afectado intrínsecamente por una relación social, unido a sus semejantes. Los latinos habían distinguido dos tipos de unión de hombres: el que constituye la «civitas» propiamente dicha, la cual enlazaba con nexos profundos y necesarios a la multitud, y el que constituye el «coetus», cuyos nexos son simplemente casuales y referentes a fines particulares. Una y otro, «civitas» y «coetus», son formas que los individuos tienen de relacionarse entre sí. ¿Cómo debe entenderse, desde el punto de vista filosófico, la relación social que afecta intrínseca­mente al hombre en cuanto ser histórico?

Antes de nada, será preciso subrayar aquí dos aspectos impor­tantes: lº. El «estar vertido» un sujeto a los demás; y 2º. El «mo­do» en que el sujeto está vertido a los demás. Si lo primero es siempre necesario al hombre –lo llamaremos alteración[1]–, aun­que no integre su esencia (diríamos que es un elemento consecu­tivo, mas no constitutivo), lo segundo puede ser unas veces nece­sario y otras veces contingente o accidental.

Las respuestas que se han dado al problema de la relación social se refieren tanto a la índole del «estar vertido», como al «modo» en que se está vertido. Continuar leyendo

Fraternidad artificial

Adolf Gustav Vigeland (1869-1943): "La paternidad". Composición escultórica.

Adolf Gustav Vigeland (1869-1943): «La paternidad». Composición escultórica.

Fraternidad contra paternidad

Pedagogos, psicólogos y sociólogos aseguran que el “ideal” y el papel del padre está actualmente erosionado en la familia. Podría añadirse, desde una perspectiva política, y a la vista de la composición mayoritariamente masculina de cualquier Parlamento, que son los hombres quienes votan las leyes que –como las de la fecundación artificial y transferencia de em­briones– consagran la marginalización del varón, el cual hace así secun­dario su papel de padre y se convierte en el «segundo sexo», expresión ésta que apenas hace algo más de medio siglo había utilizado la existencialista francesa Simone de Beauvoir para reivindicar el papel autosuficiente de la mujer y titular un famoso libro: Le deuxième sexe. El padre acabará siendo el sexo inútil, el molesto acompañante, sólo un recambio designado por la madre[1].

Pero esta situación psicológica y sociológica del padre es sólo super­ficial, consecuencia de un factor “ideal” o “ejemplar” y metafísico más hondo, localizable en el proceso emancipador de buena parte de la moder­nidad. Continuar leyendo

El estado natural y la libertad

Henri Matisse (1869-1954): “La pastoral”. Inclinado a la pintura del fauvismo, utiliza colores salvajes y disonantes para lograr un lenguaje emocional expresivo del estado bucólico.

Henri Matisse (1869-1954): “La pastoral”. Inclinado a la pintura del fauvismo, utiliza colores salvajes y disonantes para lograr un lenguaje emocional expresivo del estado bucólico.

1. La salida del estado natural

Es frecuente oír que la libertad se consigue a través de la mediación y superación de la naturaleza. La reflexión sobre el aspecto natural del individuo y de las formaciones básicas en que vive fue una preocu­pación de los ilustrados, románticos e idealistas.

La salida del “estado natural” es considerada por la mayor parte de los filósofos modernos como el co­mienzo mismo de la humanización y de la historia. Pero esta salida es in­terpretada de tantas maneras como modos hay de concebir dicho estado. Intentaré esbozar, bajo una idea general, las soluciones más relevantes que sobre este asunto se dieron en el mundo antiguo y en el mundo mo­derno.

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2. Aspectos cultural y ontológico del “estado natural”

Ya a través del derecho romano se transmitieron dos conceptos distintos de “estado natural”: el de la línea aristotélica y el de la línea estoica. En el primero se acentúa el carácter existencial o fáctico; en el se­gundo, la índole ideal. Continuar leyendo

Círculo y recta: dos claves para entender la historia, según San Agustín

Rosetón de la Puerta Principal de la Catedral de Burgos. El símbolo de Salomón es una estrella de seis picos dentro de un círculo. Simboliza la unión de los opuestos y del cosmos entero.

Rosetón de la Puerta Principal de la Catedral de Burgos. El símbolo de Salomón es una estrella de seis picos dentro de un círculo. Simboliza la unión de los opuestos y del cosmos entero.

1. La cuestión del fin de la historia

El curso histórico del hombre forma un tejido com­plicado, cuyas articulaciones muestran aspectos religiosos, políticos, psicológicos y eco­nómicos, de varia­dos matices. Contemplando panorámicamente este vasto tejido, surge una pregunta insoslayable, refe­rente al fin delcurso temporal: ¿es posible indicar en este despliegue, tomado en conjunto con sus logros y quebrantos, un término que, a modo de fin, polarice todas las obras humanas y dé sentido total al proceso?

La respuesta a esta pregunta forma un núcleo fun­damental de temas llamado Historiología, la cual pretende entender no sólo la constitución ontológica o la estructura esencial de los hechos históricos[1], sino la génesis y la finalidad de esos hechos tomados como un todo procesual internamente concatenado. Esta tarea compete a una investigación que cabría llamar teleológica (de télos =fin), en cuanto considera el curso histórico como una serie de nexos y se pregunta por el fin y, en consecuencia, por el sentido de ese curso[2]. No otro fue el objetivo que se propuso Hegel en sus Lecciones de Filosofía de la Historia: buscar un fin último (Endzweck) del mundo por encima de los fines particulares de los individuos, suponiendo que la presencia de un fin último se debe a una causa uni­versal (llámese razón o voluntad). El tratado de la historia universal expresaría la relación existente entre fines particulares y fin universal, relación que, a su vez, debe mostrarse como acto de esa misma ra­zón[3]. Hegel pensaba que se podía conocer la ley his­tórica bajo la cual se desenvuelve concreta y com­plejamente el género humano; ley que, como razón suficiente, explicaría el porqué de todas las vicisitudes de los pueblos. Continuar leyendo

Las causas del hombre en la historia, según Marx

 

Francisco de Goya ()

Francisco de Goya (1746-1828 ): “Saturno devorando a su hijo”. Saturno es el símbolo del tiempo que todo lo destruye, dibujado por Goya como un gigante avejentado con las fauces abiertas y los ojos en blanco, devorando el cuerpo sanguinolento del hijo. En cierta manera, refigura el tema de la revolución.

1. La reiterada presencia de Marx en nuestra cultura

En el año 1901 el pensador socialista francés Jean Jaurès expresaba de una manera vibrante el sentido emancipatorio y secularizante de la filosofía marxista de la historia:

«Sólo bajo una transposición hegeliana del cristianismo es como Marx se representa el movimiento moderno de emancipación. Al igual que el Dios cristiano se ha reba­jado hasta el fondo de la humanidad sufriente para elevar a la humanidad entera; al igual que el Salvador, para sal­var efectivamente a todos los hombres, ha debido redu­cirse a ese grado de despojo tan próximo a la animalidad, por debajo del cual no se podía encontrar ningún hombre; al igual que este abajamiento final de Dios era la condi­ción de la elevación infinita del hombre; así también en la dialéctica de Marx, el proletariado, el Salvador moderno, ha debido despojarse de toda garantía, desnudado de todo derecho, rebajado al plano más profundo de la nada histó­rica y social, para elevarse y elevar a toda la huma­nidad»[1].

Destaca Jaurès en estas expresiones un punto im­portante de la historiología dialéctica de Marx. Se trata de la inversión de la escatología cristiana me­diante la alteración materialista de la dialéctica de Hegel, haciendo del reino de Dios un reino del hom­bre: Pecado original y Redención se transmutan en Alienación y Revolución; asímismo, le atribuye al pro­letariado la misma misión redentora que Jesucristo tiene en el Evangelio.

Esta transmutación se deja ver en los análisis que Marx realiza sobre la actividad humana y las causas generales de la historia. Continuar leyendo

La alienación histórica, según Marx

Alexsandr Deineka (1899-1969): “Mujeres soviéticas trabajando”. El pintor –que vivió entre el final de la vanguardia y el realismo– representó de una manera bastante exacta y propagandística la utopía del comunismo soviético. Es uno de los más importantes pintores rusos modernistas figurativos.

Alexsandr Deineka (1899-1969): “Mujeres soviéticas trabajando”. El pintor –que vivió entre el final de la vanguardia y el realismo– representó de una manera bastante exacta y propagandística la utopía del comunismo soviético. Es uno de los más importantes pintores rusos modernistas figurativos.

1. Objetivación, alienación, «kenosis»

La dialéctica entre el hombre y la naturaleza hace posible que, en un momento determinado, el hombre se desconecte de la naturaleza al quedar privado del producto y de los medios de producción. Esta división causa la alienación. ¿Qué es la alienación? En el uso corriente significa pérdida, privación de algo, sobre todo de una facultad (por ejemplo, la mental). Marx supone ese uso corriente; pero hace girar su signifi­cado hacia la situación dialéctica de hombre y natu­raleza: alienación es la pérdida que sufre el hombre de su producto, de su actividad y de su esencia, al pro­yectarlos en un elemento ilusorio o irreal. El hombre que no tiene medios de trabajo tiene que vender su fuerza de trabajo, por lo que se queda sin producto y sin esencia.

El término «alienación» fue utilizado técnicamente también por Hegel para expresar la escisión entre el sujeto y la sustancia, o sea, entre la actividad y la pa­sividad, entre el dinamismo puro y la petrificación. Sujeto es autoactividad y devenir; sustancia es an­quilosamiento y reificación del movimiento. Cuando el sujeto se proyecta como sustancia la vida se hace cosa y la actividad se detiene: el sujeto pasa a ser ex­terior a sí mismo, se produce la exteriorización (Entäusserung), el extrañamiento (Entfremdung), es decir, la alienación. Hegel piensa que la alienación tiene que darse para que el despliegue de la Idea ab­soluta se enriquezca, precisamente superando la alie­nación. Marx afirma que Hegel confundía «objetiva­ción» o exteriorización con «alienación» e intentaba eliminar la alienación superando la naturaleza en la que la Idea se había extrañado. Marx replica que la «objetivación» es un proceso por el que el hombre ne­cesariamente se expresa o se exterioriza en la na­turaleza por medio del trabajo: no es la manera de hacerse el sujeto ajeno a sí mismo; sino la manera de expresarse naturalmente. Por tanto, la «objetivación» no es un mal, sino el único modo por el que el hombre realiza su unidad con la naturaleza. En cambio, la «alienación» es un proceso por el que el hombre se convierte en cosa y viene a ser extraño para sí mismo, hasta el punto de que no se reconoce. La alienación es un mal, un daño que se inflige al hombre. ¿Quién causa este daño? La sociedad capitalista, dice Marx. La «objetivación» es la dialéctica básica de la relación con la naturaleza; es la dialéctica de necesidad y sa­tisfacción, de sujeto y objeto, por medio de la cual ad­quiere el hombre su subjetividad mediante la obje­tividad: el hombre se hace objeto para sí mismo tra­bajando la naturaleza. En cambio, la «alienación» es un proceso de pérdida. El sujeto alienado es el hombre que existe de forma inhumana, o sea, que no es to­davía verdaderamente sujeto. En la «alienación» no hay todavía «historia del sujeto», sino prehistoria; la historia propiamente dicha surge cuando el hombre es plenamente sujeto. Continuar leyendo

El «estado natural» y el progreso en la historia. Hegel

John Gast (1842-1899): "El Progreso Estadounidense". Expone ingenuamente a Estados Unidos realizando, con su expansionismo, un “designio especial del cielo”. Así se justificó la guerra contra México para extender las “fronteras de la libertad”, excluyendo de esa tarea a los nativos americanos y a la gente de origen no europeo.

John Gast (1842-1899): «El Progreso Estadounidense». Expone ingenuamente a Estados Unidos realizando, con su expansionismo, un “designio especial del cielo”. Así se justificó la guerra contra México para extender las “fronteras de la libertad”, excluyendo de esa tarea a los nativos americanos y a la gente de origen no europeo.

1. El hombre en el estado natural

Hegel explica la marcha histórica del hombre como una tensión superable entre lo individual y lo universal y, asimismo, entre lo inmediato y lo mediato.

La primera etapa en que se dibuja el «estado natu­ral» del hombre acontece tan pronto como el espíritu humano se despega incoativamente de la naturaleza animal para tomar conciencia de sí mismo; pero de modo que ésta no se despierta totalmente; por lo que el espíritu sólo existe ahí de forma virtual o poten­cial.

Conviene advertir que la plena conciencia del espíritu se muestra como un estado desgarrado, lleno de escisiones o contradicciones: la razón se opone a la sensibilidad; la libertad, con su infinitud virtual de aspiraciones, se opone a las tendencias sensibles, cir­cunscritas a estrechos límites, individuales y egoís­tas. Lo infinito y lo finito se contraponen así en la conciencia; una conciencia desventurada o desgra­ciada que, de un lado, siente fácticamente deseos limitados y con­tingentes, mas, de otro lado, se encuentra lanzada a un nivel superior, a lo universal.

Pues bien, el «estado natural» del hombre es aquél en que el sujeto no conoce todavía las escisiones y vive de un modo se­reno o placentero, pero inconsciente, con todo lo que existe. Continuar leyendo

La plenitud milenarista del progreso. El caso Fiore

 

Liber Figurarum (Libro de las Figuras): Tabla XIb "Códice Reggiano" (s.XIII) sobre Joaquin de Fiore(1135-1202)

Liber Figurarum (Libro de las Figuras): Tabla XIb «Códice Reggiano» (s.XIII) sobre Joaquin de Fiore(1135-1202). La figura simboliza en tres círculos la «Santísima Trinidad». El círculo de color verde simboliza al «Padre» (I), el círculo de color azul simboliza al «Hijo» (U), el círculo de color rojo simboliza al «Espíritu Santo» (E).

Acerca de las fases de la historia

La actitud psicológica y social del Milenarismo -que pronostica la aparición de una nueva y prodigiosa era, pasados mil años- reaparece en la historia de nuestra cultura con relativa frecuencia, especialmente en momentos de profundas crisis.

Desde Hegel, buena parte de la filosofía moderna llegó a pensar que la histo­ria es constituida y guiada por un absoluto inmanente, no necesaria­mente consciente. Así lo explicó Hegel en la Introducción Gene­ral a sus lecciones de Filosofía de la Historia Univer­sal.

Pero ese absoluto viene a pasar internamente por tantas fases como épocas históricas puedan contarse. Varias veces pone Hegel en relación las épocas históricas con las Personas de la Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo), bajo un principio dialéctico (tesis o inmediatez, antítesis o ex­trañamiento, síntesis o conciliación) frecuentemente expresado por el filósofo:

«El reino del Padre es la masa sustancial e indivisa, en mero cambio, como el reinado de Saturno que devora a sus hijos. El reino del Hijo es la aparición de Dios, pero en relación solamente con la existencia temporal, aparecien­do en ésta como algo extraño (ein Fremdes). El reino del Espíritu es la reconciliación (Versöhnung[1]. Continuar leyendo

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