Sección: 2.1. Naturaleza en general (página 1 de 3)

Sentido de “naturaleza” desde la Edad Antigua al Siglo de Oro. Etiología

Ley natural

 

Richard Norris Brooke (1847-1920), “Escena del atardecer”. Los mismos sentimientos de amor y libertad embargan a todos los hombres. Brooke pinta con precisión la vida del negro en Estados Unidos, con un tratamiento profundo y nada vulgar, bajo una luz apacible y digna, a pesar de vivir en un nivel jerárquico diferente. Brooke veía a los negros como parte integral de la cultura del sur y quería representarlos como tal.

La ley como regla y medida: obra de la razón unida a la voluntad

  1. Cuando preguntamos por la “ley natural” hablamos en realidad de un tipo preciso de ley. Santo Tomás había defi­nido la ley como “una cierta regla y medida de los actos, que induce a uno a obrar o le retrae de ello”[1]. Significa, pues, la ley una regla, una norma activa que encauza a un determinado fin toda la vida del hombre.  

Lo cual significa que la causa formal de la ley es la obra misma de la razón. Y como la razón sin la voluntad no puede crear la ley, cabe matizar que lo for­mal de la ley es un acto de la razón con el concurso de la voluntad; la ley es, para Santo Tomás, la obra de una razón voluntariada. Así pues, si la ley es regla y medida de las acciones humanas, tal función de regular y medir compete primariamente a la razón, facultad que conoce el fin del hombre y el orden que conduce a ese fin. Además, los actos propios y específi­cos de la ley son el mandar y el prohibir: ambos actos son como dos aspectos de un mismo hecho, a saber, la imperatividad. Precisamente la imperati­vidad o el imperio pertenece a la razón, suponiendo, claro está, el empuje de la voluntad[2]

*

La ley y la razón práctica

Es preciso destacar que el horizonte intelectual en el que se mueve aquí Santo Tomás no es el especulativo, sino el práctico. Ya Aristóteles explicó que la verdad es el objeto exclusivo y total del inte­lecto racional; pero cuando éste se mantiene, respecto de una verdad aprehen­dida, en el plano de la simple contemplación, recibe el nombre de intelecto espe­culativo; si a la contemplación o intelección teórica añade la aplicación al orden práctico, es decir, que conociendo la verdad, la conoce y percibe como reguladora de la conducta, entonces el intelecto se denomina práctico. Continuar leyendo

El vocabulario de los filósofos: categorías

Kandisky, "Armonía". El vocabulario de un artista, o de un filósofo, se resume en unas categorías que lo identifican.

Kandisky, “Armonía”. El vocabulario de un artista, o de un filósofo, se resume en unas categorías que lo identifican.

¿A qué llamamos “categoría”?

Es frecuente, cuando hablamos de una persona, preguntar por la categoría social ‒alta o baja‒ en que está o se mueve; lo mismo ocurre cuando nos referimos a la calidad de un restaurante y preguntamos en qué categoría está ‒por sus premios o certificaciones de calidad‒.  Nos es natural clasificar a personas o cosas siguiendo un criterio de jerarquía o rango. La respuesta influye a veces en el modo de comportarnos socialmente con esa persona.

Los filósofos saben que han de superar sus perspectivas particularistas. Deben mirar “un poco más allá” y adoptar criterios universales. Casi todos se interesan por saber los tipos más comunes de cosas que constituyen la realidad: los diferencian y los clasifican. Obtienen, en cada caso, una “categoría”. Ya desde los tiempos de Aristóteles se entendía que una realidad podría ser sustancia o accidente, y que no es lo mismo el hacer que el padecer, no es lo mismo la cualidad que la cantidad

Cuando empezamos a leer las páginas de un filósofo, vemos que utiliza términos corrientes ‒como espacio, tiempo, relación, cualidad, etc.‒. Pero advertimos también que no los utiliza con el mismo sentido que otros pensadores. Cada uno pone en cada término su “manera”, su “toque”, su “enclave”. Es como si los mismos abrigos se fueran colgando en distintas perchas, las de cada pensador.

Pues bien, el término “categoría” utilizado para designar el nivel y modo de realidad que pueden tener las cosas, viene del verbo griego kategorein, que  significa «acusar ante el juez»: o sea, decir lo que verdaderamente algo es. Por eso, la voz “categoría” ha llegado a significar, de una parte, el «predicado que se atribuye a un sujeto» y, de otra parte, también la «índole misma de ese sujeto».

Una y otra vez, a lo largo de la historia del pensamiento, los filósofos se han visto forzados a preguntarse por las “categorías”. Y en cada pensador reaparecen categorías más o menos antiguas, aunque vistas desde prismas sistemáticos distintos.

Intentemos aclarar estas afirmaciones examinando -quizás con demasiada brevedad- cómo los más grandes filósofos han utilizado el término “categoría”. Empezaré por Aristóteles, seguido por Santo Tomás y Kant. Continuar leyendo

Los opuestos. Teoría de Tomás de Aquino

Triunfo de santo Tomás: apoyado en Platón y Aristóteles; a sus pies, Averroes. (Benozzo Gozzoli)

Triunfo de santo Tomás: apoyado en Platón y Aristóteles; a sus pies, Averroes. (Benozzo Gozzoli)

Una pieza clave de la filosofía de Santo Tomás de Aquino es la teoría aristotélica de los “opuestos”, que en realidad son cuatro: contradictorios, contrarios, privativos y relativos. Sin esta teoría es imposible entender su teología, su antropología, su doctrina de la naturaleza, la realidad entera.

Porque los términos pueden “oponerse” o bien excluyéndose absolutamente, como el sí y el no (contradictorios); u oponiéndose relativamente, como el padre y el hijo (relación); u oponiéndose privativamente, como la visión y la ceguera (privación); o en fin, oponiéndose contrariamente, como lo pardo y lo blanco (contrarios), que no pueden coexistir en un mismo ser, pero su presencia se puede alternar en él. (Véase: Los Cuatro Opuestos, Castellano y Latin)

La esencia de la libertad en Schelling

Conceptografía básica del libro de Schelling: "La esencia de la libertad humana".

Conceptografía básica del libro de Schelling: “La esencia de la libertad humana”.

La tesis central de Schelling (en su obra sobre la esencia de la libertad humana) es que la libertad es un poder del bien y del mal  (Vide: Libertad Schelling). Y justamente aquí se sitúa, en el punto central de consideración, un dualismo metafísico del bien y del mal. Puede decirse que con respecto a la desgarradora contradicción del bien y del mal en el mundo —mundo que existe, sin embargo, como formando unidad con el origen unitario y absoluto— se trata de mostrar la identidad que le precede y, a partir de ella, de comprender la oposición como necesaria por sí misma. Dado que Dios es el origen absoluto y la unidad omnicomprensiva del mundo, Schelling trata nada menos que de mostrar en Dios mismo el origen del mal, pero sin abandonar la absolutividad del bien que se da en Él.

No puede haber nada absolutamente independiente de Dios. Por tanto, el mal no puede ser ningún principio original junto a Dios. Únicamente puede nacer por una caída desde Dios, einen Abfall. ¿Pero cuál es el fundamento (Grund) de la caída? De nuevo, sólo puede ser buscado en Dios, y únicamente ese fundamento es el mal original mismo (Urböse). La libertad sólo es posible en Dios; pero el mal, que es el supuesto de la libertad, sólo es posible fuera de Dios. Esta contradicción no se elimina, sino que se la debe reconocer y resolver. Mas esto último se puede efectuar si se muestra un momento (Moment) en Dios que no sea Dios mismo. Pero ¿cómo es concebible semejante momento? Continuar leyendo

El insulto

Bosco, "La ira", Mesa de los pecados capitales

El Bosco, “La ira”, Mesa de los pecados capitales. La animadversión, en cualesquiera de sus formas, es la fuente del insulto, un modo de rebajar la dignidad de las personas.

La principal manera de relacionarse el hombre con los demás es mediante las palabras.

En lo que atañe al respeto que debemos a los demás, desde el punto de vista psicológico y moral, las palabras pueden entrañar el deshonor de alguien, y esto puede ocurrir de dos maneras. En primer lugar, puesto que el honor es consecuencia de la excelencia que el otro tiene, en principio por ser persona, se le deshonra al privarle de la dignidad que le corresponde, lo cual se produce ciertamente por obras y omisiones. En segundo lugar, se deshonra a alguien cuando se da a conocer lo que es contrario a su honor, y esto acontece por medio de signos; y entre los signos son principales las palabras, utilizadas para expresar los conceptos de la mente. Se trata entonces de ofender verbalmente el honor de otro. Continuar leyendo

Historicidad. Ideas para una filosofía de la historia

Caspar David Friedrich: "La ruina de Eldena" 1825.

Caspar David Friedrich: “La ruina de Eldena” 1825. El pintor describe el surgimiento de una casa moderna bajo las ruinas de un antiguo edificio. En cierto modo, el pasado posibilita el futuro.

El historicismo comporta la idea de que la historia es el constitutivo del hombre. La argumentación historicista ha sido recurrente durante el siglo XX en el existencialismo, en el vitalismo, en el estructuralismo, en el de-construccionismo y en el pensamiento débil. El presente libro expone el despliegue de la libertad humana a través de unos factores temporales que no merman la identidad de su ser. Son estudiadas las categorías de tiempo, historicidad, evolución, libertad, socialidad, temporalidad, tradición, progreso y revolución, entre otras. Asimismo termina indagando la razón histórica como razón narrativa en relación con la verdad histórica.

Quimeras que nos seducen

Gustave Moreau (1826-1898): “La quimera”. Maestro de Matisse, Marquet y Rouault. Se mueve entre el romanticismo y el simbolismo. Aplica el arte de la acuarela con brillantez de matiz. Pero también sus óleos se aproximan a fantásticas glorificaciones y ardientes tonos carnales.

Gustave Moreau (1826-1898): “La quimera”. Maestro de Matisse, Marquet y Rouault. Se mueve entre el romanticismo y el simbolismo. Aplica el arte de la acuarela con brillantez de matiz. Pero también sus óleos se aproximan a fantásticas glorificaciones y ardientes tonos carnales.

Modificación genética

Ella era rubia  y tuvo tres novios. Decidió tener un hijo… de los tres. Consiguió el esperma de todos ellos y lo entregó a un centro de fecundación artificial para que seleccionara genéticamente  los ojos verdes del primero, la musculatura del segundo y la voz del tercero. Es un decir. Pero esta técnica de mescolanzas  ha sido llamada “modificación genética”, o sea, modificación de la línea germinal del ADN cromosómico que puede pasar a las generaciones futuras. En el Reino Unido la cosa va en serio; y ya ha penetrado ampliamente la idea de un hijo que, previa una genetic modification, tiene tres o más padres.

Ya sé, ya sé que la ciencia no está todavía a la altura de lo que algunos pretenden. Y que la naturaleza no permitirá  ensayos genéticos viciados.  Pero es que tampoco muchos científicos están a la altura de lo que la ciencia debe proporcionar, aunque cuenten con un desorbitado presupuesto económico.

Tengo la convicción de que las técnicas de reproducción asistida se han salido de madre y de padre. Ya no basta que dos personas, varón y hembra, busquen con su correspondiente carga genética dar la vida a un tercero, el hijo. Ni tampoco es suficiente que, dentro o fuera del matrimonio, haya niños a petición, mediante fecundación “in vitro” o vientres de alquiler, o que no se pregunte por el origen biológico de la masa genética. La identidad genética, base de la filiación biológica, ya no serviría: la verdadera sería la “identidad social”, la que la sociedad quiera darle al embrión en cada momento, llamando a las cosas con nombres ilógicos o meros eufemismos.

Continuar leyendo

Quevedo, poeta de la temporalidad humana

Dali-Tiempo

Salvador Dalí (1904-1989): “Reloj evanescente”. El reloj parece derretirse con el paso del tiempo. No marca un tiempo lineal que avanza paulatinamente, sino un tiempo que por ser tal, pasa derritiéndose en su ser. El tiempo lineal que avanza carece de importancia.

Ser y tiempo

La vida del hombre que se teje en el tiempo va de un pasado hacia un futuro. El presente es evanescente y se diluye al pasar. El futuro del presente es el pasado. Pues bien, aunque la existencia humana no coincidiera con el tiempo mismo, su discurrir mundano existe en el tiempo. Y pasa con el tiempo. Este hecho, subrayado por los pensadores de todos los tiempos, hizo que modernamente Heidegger (en Sein und Zeit) afirmara que el existente humano es un ser-para-la-muerte (Sein zum Tode). Para este pensador alemán, la muerte no sólo es el “final” externo de ese ser, sino también su “fin” interno: la interior vida del hombre es un correr anticipado hacia la muerte. Y no caben más esperanzas que las del morir. O sea, no hay esperanza, sino “angustia” producida por el estrechamiento que el “fin” mortal provoca día a día en el hombre.

El moderno existencialismo (Heidegger, Sartre) ha insistido en esta situación angustiosa del ser humano. Y desde ella interpreta Heidegger todas las tradicionales categorías filosóficas.

Mucho antes, don Francisco de Quevedo (1580-1625)  interpretó también la vida humana con unos tintes tan sombríos que parecen arrancados de una obra existencialista contemporáea.

Ahora bien, esta poesía de la temporalidad humana es, a su vez, sólo una cara del ámbito poético de Quevedo, quien abre en otros poemas jirones de trascendencia y esperanza. Aquí sólo hablaré de los primeros, entresacados de su  Parnaso Español. Luego, al final, haré una reflexión más filosófica o metafísica sobre el instante, realidad del tiempo quevediano.

Continuar leyendo

El nihilismo y la creación

Jerónimo Bosch, El Bosco (1450-1516), “La creación del hombre”. Poniendo en su arte perfección técnica y calidad de dibujo, presenta con imaginación y originalidad el paraíso terrenal en que aparecen Dios, Adán desnudo sentado y Eva arrodillada.

Jerónimo Bosch, El Bosco (1450-1516), “La creación del hombre”. Poniendo en su arte perfección técnica y calidad de dibujo, presenta con imaginación y originalidad el paraíso terrenal en que aparecen Dios, Adán desnudo sentado y Eva arrodillada.

No es posible comprender sistemáticamente  la ley natural, sin referirla a su autor. Me gusta recordar que el presente blog me ha sido sugerido por una frase de Sartre: “No hay naturaleza humana, porque no hay un Dios que pudiera haberla pensado”. Cabría decir entonces que “si no hay Dios, todo está permitido”. La legalidad, el deber, el compromiso, los fines y lo valores se deciden, por tanto, en la solución que se le de a la frase de Sartre.

*

1. Dos enfoques diferentes del origen del mundo: las ciencias físicas y la metafísica

El segundo libro del Comentario a las Sentencias empieza desarrollando el formidable asunto de la creación. Lo creado –el resultado de la creación– es el conjunto de las cosas finitas, tanto las materiales como las espirituales, conjunto que Santo Tomás llama “mundus”, el mundo o universo. El estudio de su pro­ducción se hace primordialmente desde un punto de vista metafísico, donde se contrapone radicalmente el ser a la nada; y así es abordado en la primera distin­ción. Pero el Comentario pregunta además –al hilo del relato del Génesis, y después de haber considerado la existencia y la naturaleza de los ángeles (d2-d11)– por la constitución o esencia física del conjunto de cosas finitas que, en­globadas en los cielos y la tierra, llevan marbete de materia, o sea, por el mundo material, por los seres que lo componen, las relaciones que guardan entre sí, su jerarquía, su causalidad, su finalidad concreta, etc. (d12-d15). El tratamiento de la esencia física del “mundo” acontece ahí bajo un enfoque propio de la ciencia natural, matizado a veces con realces ontológicos.

El enfoque metafísico de la creación como producción a partir de la nada [productio ex nihilo] supone una imponente novedad no sólo frente al pensa­miento griego, sino también frente a ciertas orientaciones de la edad moderna y contemporánea. El “mundo” aparece, bajo la perspectiva de la creación, como una unidad de orden, en cuanto en él unas cosas están referidas a otras, y todas a su creador. En tal sentido, no hay dos, ni tres mundos: todas las cosas creadas pertenecen al mismo mundo, porque todas deben estar ordenadas dentro de un solo orden y hacia un mismo fin. Que este mundo ha surgido por una “productio ex nihilo” es el tema que expondré en la primera parte de este trabajo. Continuar leyendo

El problema de las leyes históricas y la periodización

Tiziano Vacellio (1477-1576): Alegoría del tiempo. Un contraste de luces y sombras relata la inscripción latina que aparece bordeando las cabezas, y que quiere decir: "Del pasado al presente hay que actuar con prudencia para no dañar la acción futura". Se trata de una alegoría del Tiempo gobernado por la Prudencia del anciano. Las tres cabezas humanas manifiestan las tres edades del hombre, asociadas con tres cabezas de animales, símbolos respectivos de la memoria (el lobo devorador del pasado), la inteligencia (el león que se agita en el presen te) y la providencia (el perro que se apacigua en la esperanza del futuro). El cuadro parte de la penumbra del pasado o vejez, sigue en la luminosa transparencia del presente o madurez y resplandece con la luz del futuro o juventud.

Tiziano Vacellio (1477-1576): Alegoría del tiempo. Un contraste de luces y sombras relata la inscripción latina que aparece bordeando las cabezas, y que quiere decir: “Del pasado al presente hay que actuar con prudencia para no dañar la acción futura”. Se trata de una alegoría del Tiempo gobernado por la Prudencia del anciano. Las tres cabezas humanas manifiestan las tres edades del hombre, asociadas con tres cabezas de animales, símbolos respectivos de la memoria (el lobo devorador del pasado), la inteligencia (el león que se agita en el presen te) y la providencia (el perro que se apacigua en la esperanza del futuro). El cuadro parte de la penumbra del pasado o vejez, sigue en la luminosa transparencia del presente o madurez y resplandece con la luz del futuro o juventud.

1. Presunción de una ley absoluta

En el hecho histórico se encuentran factores antropo­lógicos y sociológicos que limitan las preten­siones de quienes –como Hegel– construyen la historia de una manera ab­so­luta e inmanente: esos factores impiden que la historia se desarrolle conforme a leyes propias de un «modelo ab­soluto» o apriórico. Porque el factor más decisivo es la libertad huma­na.

¿Qué elementos fundamentales poseería un modelo absoluto que se decla­rase como disciplina filosófica y cientí­fica? Debería tener, en primer lugar, un ob­jeto determi­nado, pues sin objeto no hay disciplina; en segundo lugar, unos principios cier­tos y eviden­tes que garanticen unas conclusiones legítimas y cla­ras.

El objeto, para un modelo absoluto, sería la determina­ción de las leyes o ra­zones fundamentales de todas las vicisitudes históricas que se mostraran en el pa­sado, en el presente y en el porvenir. Los princi­pios que podrían guiarnos con certeza a determinar esa ley general de las trans­forma­ciones sólo los podríamos sacar del conocimiento de las conexiones de la li­bertad en el tiempo. Úni­camente en­tonces se definirían con seguridad los fines del nacimiento, de la elevación y de la decadencia de las dife­rentes naciones. Dicho de otro modo, el único criterio por el que se podría conocer con seguridad la ley del movimiento histórico –en su pasado, en su presente y en su futuro– sería la li­bertad indi­vidual, si ésta nos diese su secreto. De no poder lograr sus conexiones, es imposible hallar una ley o un fin universales.

Pero, ¿es posible conocer a priori las conexiones de la libertad individual en el tiempo? Se trata de la libertad. Y la única vía posible para hallar esas co­nexiones es la observación; y no una ob­servación cualquiera, sino una observa­ción que debe ser exacta y completa de los hechos históricos (propiamente li­bres). De esta exacta y com­pleta observación podríamos llegar a una generali­zación racional de estos hechos, en la que se decantasen los principios referen­tes al objeto apuntado. Pero ocurre que esta observación no podría ser exacta ni completa. Continuar leyendo

Artículos antiguos

© 2017 Ley Natural