Sección: 2.1. Naturaleza en general (página 1 de 2)

Sentido de “naturaleza” desde la Edad Antigua al Siglo de Oro. Etiología

El insulto

Bosco, "La ira", Mesa de los pecados capitales

El Bosco, “La ira”, Mesa de los pecados capitales. La animadversión, en cualesquiera de sus formas, es la fuente del insulto, un modo de rebajar la dignidad de las personas.

La principal manera de relacionarse el hombre con los demás es mediante las palabras.

En lo que atañe al respeto que debemos a los demás, desde el punto de vista psicológico y moral, las palabras pueden entrañar el deshonor de alguien, y esto puede ocurrir de dos maneras. En primer lugar, puesto que el honor es consecuencia de la excelencia que el otro tiene, en principio por ser persona, se le deshonra al privarle de la dignidad que le corresponde, lo cual se produce ciertamente por obras y omisiones. En segundo lugar, se deshonra a alguien cuando se da a conocer lo que es contrario a su honor, y esto acontece por medio de signos; y entre los signos son principales las palabras, utilizadas para expresar los conceptos de la mente. Se trata entonces de ofender verbalmente el honor de otro. Continuar leyendo

Historicidad. Ideas para una filosofía de la historia

Caspar David Friedrich: "La ruina de Eldena" 1825.

Caspar David Friedrich: “La ruina de Eldena” 1825. El pintor describe el surgimiento de una casa moderna bajo las ruinas de un antiguo edificio. En cierto modo, el pasado posibilita el futuro.

El historicismo comporta la idea de que la historia es el constitutivo del hombre. La argumentación historicista ha sido recurrente durante el siglo XX en el existencialismo, en el vitalismo, en el estructuralismo, en el de-construccionismo y en el pensamiento débil. El presente libro expone el despliegue de la libertad humana a través de unos factores temporales que no merman la identidad de su ser. Son estudiadas las categorías de tiempo, historicidad, evolución, libertad, socialidad, temporalidad, tradición, progreso y revolución, entre otras. Asimismo termina indagando la razón histórica como razón narrativa en relación con la verdad histórica.

Quimeras que nos seducen

Gustave Moreau (1826-1898): “La quimera”. Maestro de Matisse, Marquet y Rouault. Se mueve entre el romanticismo y el simbolismo. Aplica el arte de la acuarela con brillantez de matiz. Pero también sus óleos se aproximan a fantásticas glorificaciones y ardientes tonos carnales.

Gustave Moreau (1826-1898): “La quimera”. Maestro de Matisse, Marquet y Rouault. Se mueve entre el romanticismo y el simbolismo. Aplica el arte de la acuarela con brillantez de matiz. Pero también sus óleos se aproximan a fantásticas glorificaciones y ardientes tonos carnales.

Modificación genética

Ella era rubia  y tuvo tres novios. Decidió tener un hijo… de los tres. Consiguió el esperma de todos ellos y lo entregó a un centro de fecundación artificial para que seleccionara genéticamente  los ojos verdes del primero, la musculatura del segundo y la voz del tercero. Es un decir. Pero esta técnica de mescolanzas  ha sido llamada “modificación genética”, o sea, modificación de la línea germinal del ADN cromosómico que puede pasar a las generaciones futuras. En el Reino Unido la cosa va en serio; y ya ha penetrado ampliamente la idea de un hijo que, previa una genetic modification, tiene tres o más padres.

Ya sé, ya sé que la ciencia no está todavía a la altura de lo que algunos pretenden. Y que la naturaleza no permitirá  ensayos genéticos viciados.  Pero es que tampoco muchos científicos están a la altura de lo que la ciencia debe proporcionar, aunque cuenten con un desorbitado presupuesto económico.

Tengo la convicción de que las técnicas de reproducción asistida se han salido de madre y de padre. Ya no basta que dos personas, varón y hembra, busquen con su correspondiente carga genética dar la vida a un tercero, el hijo. Ni tampoco es suficiente que, dentro o fuera del matrimonio, haya niños a petición, mediante fecundación “in vitro” o vientres de alquiler, o que no se pregunte por el origen biológico de la masa genética. La identidad genética, base de la filiación biológica, ya no serviría: la verdadera sería la “identidad social”, la que la sociedad quiera darle al embrión en cada momento, llamando a las cosas con nombres ilógicos o meros eufemismos.

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Quevedo, poeta de la temporalidad humana

Dali-Tiempo

Salvador Dalí (1904-1989): “Reloj evanescente”. El reloj parece derretirse con el paso del tiempo. No marca un tiempo lineal que avanza paulatinamente, sino un tiempo que por ser tal, pasa derritiéndose en su ser. El tiempo lineal que avanza carece de importancia.

Ser y tiempo

La vida del hombre que se teje en el tiempo va de un pasado hacia un futuro. El presente es evanescente y se diluye al pasar. El futuro del presente es el pasado. Pues bien, aunque la existencia humana no coincidiera con el tiempo mismo, su discurrir mundano existe en el tiempo. Y pasa con el tiempo. Este hecho, subrayado por los pensadores de todos los tiempos, hizo que modernamente Heidegger (en Sein und Zeit) afirmara que el existente humano es un ser-para-la-muerte (Sein zum Tode). Para este pensador alemán, la muerte no sólo es el “final” externo de ese ser, sino también su “fin” interno: la interior vida del hombre es un correr anticipado hacia la muerte. Y no caben más esperanzas que las del morir. O sea, no hay esperanza, sino “angustia” producida por el estrechamiento que el “fin” mortal provoca día a día en el hombre.

El moderno existencialismo (Heidegger, Sartre) ha insistido en esta situación angustiosa del ser humano. Y desde ella interpreta Heidegger todas las tradicionales categorías filosóficas.

Mucho antes, don Francisco de Quevedo (1580-1625)  interpretó también la vida humana con unos tintes tan sombríos que parecen arrancados de una obra existencialista contemporáea.

Ahora bien, esta poesía de la temporalidad humana es, a su vez, sólo una cara del ámbito poético de Quevedo, quien abre en otros poemas jirones de trascendencia y esperanza. Aquí sólo hablaré de los primeros, entresacados de su  Parnaso Español. Luego, al final, haré una reflexión más filosófica o metafísica sobre el instante, realidad del tiempo quevediano.

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El nihilismo y la creación

Jerónimo Bosch, El Bosco (1450-1516), “La creación del hombre”. Poniendo en su arte perfección técnica y calidad de dibujo, presenta con imaginación y originalidad el paraíso terrenal en que aparecen Dios, Adán desnudo sentado y Eva arrodillada.

Jerónimo Bosch, El Bosco (1450-1516), “La creación del hombre”. Poniendo en su arte perfección técnica y calidad de dibujo, presenta con imaginación y originalidad el paraíso terrenal en que aparecen Dios, Adán desnudo sentado y Eva arrodillada.

No es posible comprender sistemáticamente  la ley natural, sin referirla a su autor. Me gusta recordar que el presente blog me ha sido sugerido por una frase de Sartre: “No hay naturaleza humana, porque no hay un Dios que pudiera haberla pensado”. Cabría decir entonces que “si no hay Dios, todo está permitido”. La legalidad, el deber, el compromiso, los fines y lo valores se deciden, por tanto, en la solución que se le de a la frase de Sartre.

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1. Dos enfoques diferentes del origen del mundo: las ciencias físicas y la metafísica

El segundo libro del Comentario a las Sentencias empieza desarrollando el formidable asunto de la creación. Lo creado –el resultado de la creación– es el conjunto de las cosas finitas, tanto las materiales como las espirituales, conjunto que Santo Tomás llama “mundus”, el mundo o universo. El estudio de su pro­ducción se hace primordialmente desde un punto de vista metafísico, donde se contrapone radicalmente el ser a la nada; y así es abordado en la primera distin­ción. Pero el Comentario pregunta además –al hilo del relato del Génesis, y después de haber considerado la existencia y la naturaleza de los ángeles (d2-d11)– por la constitución o esencia física del conjunto de cosas finitas que, en­globadas en los cielos y la tierra, llevan marbete de materia, o sea, por el mundo material, por los seres que lo componen, las relaciones que guardan entre sí, su jerarquía, su causalidad, su finalidad concreta, etc. (d12-d15). El tratamiento de la esencia física del “mundo” acontece ahí bajo un enfoque propio de la ciencia natural, matizado a veces con realces ontológicos.

El enfoque metafísico de la creación como producción a partir de la nada [productio ex nihilo] supone una imponente novedad no sólo frente al pensa­miento griego, sino también frente a ciertas orientaciones de la edad moderna y contemporánea. El “mundo” aparece, bajo la perspectiva de la creación, como una unidad de orden, en cuanto en él unas cosas están referidas a otras, y todas a su creador. En tal sentido, no hay dos, ni tres mundos: todas las cosas creadas pertenecen al mismo mundo, porque todas deben estar ordenadas dentro de un solo orden y hacia un mismo fin. Que este mundo ha surgido por una “productio ex nihilo” es el tema que expondré en la primera parte de este trabajo. Continuar leyendo

El problema de las leyes históricas y la periodización

Tiziano Vacellio (1477-1576): Alegoría del tiempo. Un contraste de luces y sombras relata la inscripción latina que aparece bordeando las cabezas, y que quiere decir: "Del pasado al presente hay que actuar con prudencia para no dañar la acción futura". Se trata de una alegoría del Tiempo gobernado por la Prudencia del anciano. Las tres cabezas humanas manifiestan las tres edades del hombre, asociadas con tres cabezas de animales, símbolos respectivos de la memoria (el lobo devorador del pasado), la inteligencia (el león que se agita en el presen te) y la providencia (el perro que se apacigua en la esperanza del futuro). El cuadro parte de la penumbra del pasado o vejez, sigue en la luminosa transparencia del presente o madurez y resplandece con la luz del futuro o juventud.

Tiziano Vacellio (1477-1576): Alegoría del tiempo. Un contraste de luces y sombras relata la inscripción latina que aparece bordeando las cabezas, y que quiere decir: “Del pasado al presente hay que actuar con prudencia para no dañar la acción futura”. Se trata de una alegoría del Tiempo gobernado por la Prudencia del anciano. Las tres cabezas humanas manifiestan las tres edades del hombre, asociadas con tres cabezas de animales, símbolos respectivos de la memoria (el lobo devorador del pasado), la inteligencia (el león que se agita en el presen te) y la providencia (el perro que se apacigua en la esperanza del futuro). El cuadro parte de la penumbra del pasado o vejez, sigue en la luminosa transparencia del presente o madurez y resplandece con la luz del futuro o juventud.

1. Presunción de una ley absoluta

En el hecho histórico se encuentran factores antropo­lógicos y sociológicos que limitan las preten­siones de quienes –como Hegel– construyen la historia de una manera ab­so­luta e inmanente: esos factores impiden que la historia se desarrolle conforme a leyes propias de un «modelo ab­soluto» o apriórico. Porque el factor más decisivo es la libertad huma­na.

¿Qué elementos fundamentales poseería un modelo absoluto que se decla­rase como disciplina filosófica y cientí­fica? Debería tener, en primer lugar, un ob­jeto determi­nado, pues sin objeto no hay disciplina; en segundo lugar, unos principios cier­tos y eviden­tes que garanticen unas conclusiones legítimas y cla­ras.

El objeto, para un modelo absoluto, sería la determina­ción de las leyes o ra­zones fundamentales de todas las vicisitudes históricas que se mostraran en el pa­sado, en el presente y en el porvenir. Los princi­pios que podrían guiarnos con certeza a determinar esa ley general de las trans­forma­ciones sólo los podríamos sacar del conocimiento de las conexiones de la li­bertad en el tiempo. Úni­camente en­tonces se definirían con seguridad los fines del nacimiento, de la elevación y de la decadencia de las dife­rentes naciones. Dicho de otro modo, el único criterio por el que se podría conocer con seguridad la ley del movimiento histórico –en su pasado, en su presente y en su futuro– sería la li­bertad indi­vidual, si ésta nos diese su secreto. De no poder lograr sus conexiones, es imposible hallar una ley o un fin universales.

Pero, ¿es posible conocer a priori las conexiones de la libertad individual en el tiempo? Se trata de la libertad. Y la única vía posible para hallar esas co­nexiones es la observación; y no una ob­servación cualquiera, sino una observa­ción que debe ser exacta y completa de los hechos históricos (propiamente li­bres). De esta exacta y com­pleta observación podríamos llegar a una generali­zación racional de estos hechos, en la que se decantasen los principios referen­tes al objeto apuntado. Pero ocurre que esta observación no podría ser exacta ni completa. Continuar leyendo

La costumbre y el derecho de gentes, según Suárez

Alonso Vázquez (1564-1608): “San Pedro Nolasco redimiendo cautivos”. Vázquez pinta el tema con rasgos manieristas: en la parte superior izquierda del lienzo, aparece el momento en que se efectúa el trato económico; en el plano central San Pedro Nolasco habla con un sarraceno guardián; en la zona inferior izquierda, se representa al grupo de los cautivos. Hasta bien entrado el siglo XIX se consideraba muchas veces normal la esclavitud o el cautiverio, como consecuencia de una guerra o como trato debido a individuos de otros países y lenguas. Las Escuelas Españolas del Siglo de Oro, especialmente a partir de Vitoria, proponían que por “derecho de gentes” tales excesos debían ser corregidos.

 1. La originalidad de lo normativo en el derecho de gentes

 

a) A la busca de una diferencia en la universalidad

 

1. Urgido Suárez por motivos prácticos –los del convulso momento histórico español que le tocó vivir, con guerras de conquista en América y guerras de expansión en el norte de Europa– abordó el problema teórico de las relaciones que debían ser observadas por todas las naciones, señalando normas plausibles de acción y reacción. Tales relaciones se incluían en el llamado ius gentium, ya elaborado y guardado por los romanos[1].

La humanidad fue vista más tarde como un todo que se ramifica en diversas naciones, una comunidad de pueblos basada en la mutua ordenación de unos a otros. La nación quedó considerada como “sociedad perfecta”, persona moral colectiva con capacidad jurídica en su propio orden, siendo las naciones esen­cial­mente varias, sujetas al derecho de gentes. Bajo esta perspectiva escribie­ron Vitoria y Suárez acerca de la esencia y alcance de ese derecho. El derecho de gentes abarcaba también a las naciones no cristianas, convirtiéndose así en derecho internacional privado y público.

Aunque para comprender la doctrina de este derecho, expuesta por Suárez, se requeriría repasar lo que de ella se enseñó en épocas anteriores, bastará en el presente trabajo referirnos al problema de su fundamentación, indicando breve­mente los motivos que le llevaron a Suárez a rechazar, sobre este punto, otros tipos anteriores de enfoque. Continuar leyendo

Origen y sentido del hilemorfismo

Javier Serrate (1969-): “Materia que busca la forma”. Con gran fuerza expresiva, pone atención a la materia que parece acoger los rastros técnicos del ser humano, aunque no se muestren de manera visual, lo cual permite que la intuición encuentre soprendentes caminos de expresión.

 El concepto de “hilemorfismo”

Se suele denominar así a la explicación filosófica de la composición de los cuerpos en materia y forma, términos que no han de entenderse en el sentido descriptivo de la Física y demás ciencias positivas, sino en sentido filosófico.

Hilemórfico proviene del griego hyle (materia) y morphé (forma). Aristóteles sentó las bases del hilemorfismo, respondiendo a las aporías de Parménides y de Heráclito respecto a las mutaciones sustanciales del cosmos.

Posteriormente se ha consolidado con mayor número de argumentos. El tema suele estudiarse dentro de la parte de la Filosofía llamada Cosmología o Filosofía de la Naturaleza, al tratar de la estructura de los cuerpos y, concretamente, la esencia de los cambios que se dan en la naturaleza.

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Forma: su naturaleza

Salvador Dalí (1904–1989): “Nacimiento del nuevo hombre”. Fiel a su estilo surrealista, Dalí describe un universo simbólico que responde a la virtualidad inmensa de la forma, de la vida incipiente, de la esperanza.

Etimología y funciones generales de la forma

Etimológicamente significa el aspecto exterior de una cosa, su aire, su apariencia. Pero, a veces, se distingue entre figura y forma, expresando aquélla el perfil o contorno de un objeto, el aspecto externo, pasando entonces la forma a significar el aspecto interno, la esencia. Es más, el primer concepto conduce al segundo, pues si el aspecto externo distingue a una cosa de las demás, constituyendo su fisonomía patente, es porque responde a una estructura interna, a una figura latente e invisible, captable sólo por la mente. De aquí que la forma signifique, en su sentido metafísico, aquello que hace a la cosa ser lo que es. En su connotación a la patencia y visibilidad traduce el griego morphé y el latín forma; en su connotación a lo latente e invisible, traduce el griego eidos y el latín species o genus.

En cuanto a su dimensión estrictamente filosófica, se pueden distinguir tres enfoques de la forma:

      1. como principio ontológico o real;
      2. como principio lógico o mental;
      3. como co-principio  en lo real y en lo mental. Continuar leyendo

      Naturaleza y cosas naturales, según Juan Poinsot

      Joannes a Sancto Thoma, Philosophia Naturalis, q. IX

      Joseph Anton Koch (1768-1839): “Naturaleza alpina”. Recrea un amplio paisaje natural. Sus lienzos reflejan un contenido romántico en formato neoclásico, buscando la armonía entre el hombre y la naturaleza y relacionando los conflictos dramáticos con la naturaleza.

      EXPLICACIÓN DE LA DEFINICIÓN DE NATURALEZA

      La mayoría de los autores consagra varias acepciones a la palabra naturaleza. Pero Santo Tomás, partiendo del texto 5 del libro V de Metafísica de Aristóteles, da a conocer sus acepciones en STh I, q. 29, art. 1 ad 4m, y explica la analogía de este nombre del modo siguiente:

      “El nombre de naturaleza se ha empleado para indicar, sobre todo, la generación de los vivientes llamada nacimiento. Y dado que una generación de esta índole brota de un principio intrínseco, este nombre se extendió para indicar el principio intrínseco del movimiento. Y así es definida la naturaleza en el libro II de la Física. Y como este principio es el formal o el material, tanto la materia como la forma son llamadas naturaleza. Dado que por la forma se completa la esencia de una cosa cualquiera, la esencia de cualquier cosa, indicada en su definición, es llamada naturaleza. De ahí que Boecio diga que la naturaleza es la diferencia específica que informa cada una de las cosas. La diferencia específica, pues, es la que completa la definición y la que es asumida por la forma propia de la cosa”.

      Así pues, la naturaleza tomada en términos absolutos y sin adicción alguna es definida de estos cuatro modos, explicados en la definición:

      -primero, como nacimiento;
      -segundo, como principio de movimiento o de generación;
      -tercero, como materia o forma;
      -cuarto, como esencia. Continuar leyendo

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