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Derecho a nacer: tópicos abortistas

Georges La Tour (1593-1652): “El recién nacido” es una delicada escena tratada con cambios de luz que producen un clima intimista y extático. El bebé neonato, que aparece fajado, introduce ternura en ese clima. La forma y el color son trabajados técnica y figurativamente para producir un emotivo impacto psicológico. Con el claroscuro logra calidez en los volúmenes e intensidad en los colores.

Georges La Tour (1593-1652): “El recién nacido” es una delicada escena tratada con cambios de luz que producen un clima intimista y extático. El bebé neonato, que aparece fajado, introduce ternura en ese clima. La forma y el color son trabajados técnica y figurativamente para producir un emotivo impacto psicológico. Con el claroscuro logra calidez en los volúmenes e intensidad en los colores.

Para poner en valor la dignidad de la vida humana desde el momento de su concepción debemos  salir al paso de los discursos que, a favor del aborto, se repiten en muchos países, dentro de campañas políticas y mítines. Tales discursos son, en realidad, tópicos, expresiones triviales: cada una vuelve como un “lugar común” y se formula en conversaciones o escritos periodísticos.

Buena parte de las legislaciones hoy vigentes, en vez de perseguir el hecho del aborto y penalizarlo drásticamente, considerándolo como delito contra la vida de un inocente, abren la mano a su práctica aduciendo razones de múltiple índole: se permite abortar por causa de violación, malformaciones del feto, incesto, peligro para la salud física o psíquica de la madre, dificultades para la futura educación de la criatura, circunstancias económicas, etc. Temas que quiero abordar con ecuanimidad en este libro.

 

Derecho a nacer: argumentos

Georges de La Tour: "El recién nacido". Realizado en óleo sobre lienzo, data del periodo 1645-1648. Se exhibe en el Museo de Bellas Artes de Rennes (Francia). Una de las dos mujeres tiene en brazos un recién nacido. Del claroscuro resalta la iluminada cabeza del niño.

Georges de La Tour: “El recién nacido”. Realizado en óleo sobre lienzo, data del periodo 1645-1648. Se exhibe en el Museo de Bellas Artes de Rennes (Francia). Una de las dos mujeres tiene en brazos un recién nacido. Del claroscuro resalta la iluminada cabeza del niño.

  Una guerra mundial silenciosa

Resulta extraño asistir, por una parte, al espectáculo de las campañas orquestadas para protestar contra la pena de muerte y la guerra y, por otra, escuchar las mismas voces que claman por la le­galización del aborto libre.

Las estadísticas menos hinchadas sobre control de natalidad aseguran que unos cincuenta millones anuales de seres humanos engendrados son elimi­nados mediante la interrupción voluntaria del em­barazo con muerte del feto (según informes de las Naciones Uni­das). ¡Una carni­cería sin límite! Sólo en Norte­américa, desde 1973 a 1980, el número de abortos se elevó a nueve millones: más que las vícti­mas de la guerra del Viet-Nam.

Tomando como punto de refe­rencia el año 1970 puede decirse que hasta el año 2013 el número de abortos practicados en todo el mundo asciende a más de 1.500 millones. Ante estas cifras, los 30 millones de muertos que durante 4 años arrojó la Segunda Guerra Mun­dial constituyen una cantidad insignificante.

Buena parte de las legislaciones hoy vigentes, en vez de perseguir el hecho y penalizarlo drásti­camente, considerándolo como delito contra la vida de un inocente, abren la mano a su práctica adu­ciendo razones de múltiple índole: se permite abor­tar por causa de violación, malformaciones del feto, incesto, peligro para la sa­lud física o psíquica de la madre, dificultades para la futura educación de la criatura, circunstancias económicas, etc. Continuar leyendo

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