La serpiente se asocia a la actitud de la astucia. En la figura, una antefija policroma con cabeza de Gorgona, procedente de Veyes (s. VI a. de J. C.). Se conserva en el Museo de Villa Giulia en Roma: diversas serpientes adornan y rodean el contorno de la cabeza, enroscadas a modo de cabellos.

1.  El problema de la doblez política

 

El núcleo de este artículo se refiere a la reacción que tuvieron los Maestros de la Escuela Española del Siglo de Oro ante la Razón de Estado de Maquiavelo. Y puedo adelantar ya la conclusión: existe una diferencia entre la Razón de Estado como simulación y la Razón de Estado como disimulo: la simulación, propia del maquiavelismo, es un vicio; el disimulo, propio de la política española, es una virtud.

Esto es todo. Y ahora doy comienzo a mi argumentación con una reflexión previa sobre la actitud de un Gobernante que asume la Razón de Estado.

Realmente los maestros españoles del siglo XVI reaccionaron de una manera muy cauta hacia las novedades po­líticas enseñadas por Maquiavelo, especialmente hacia su concepto de Razón de Estado. Justo Lipsio, Juan de Mariana, Pedro de Rivadeneira, Juan Márquez, Juan de Santa María, Quevedo, Gracián, Saavedra Fajardo y otros muchos, intentaron llenar de contenido ético este concepto. Especialmente escandalosa les parecía la doctrina maquiavélica de que el Gobernante ha de engañar y  mentir si así lo dictan la necesidad y la conveniencia políticas, si así lo exige la Razón de Estado.

Pero ocurre que en la práctica concreta de la política es muy difícil que el Gobernante siga un derrotero adecuado para hacer frente a las exigencias de la realidad sin salirse de los límites acotados por la ética natural, especialmente por la virtud de la prudencia. Brevemente, para estos Maestros del XVI y del XVII el Gobernante ha de ser bueno, pero no infantilmente incauto; aunque su forma de conducta no ha de  sacrificar los valores morales a los prin­cipios maquiavélicos. Los pensadores políticos españoles del barroco se afanan por dar todo el relieve y firmeza posibles a la fina línea que separa al Gobernante bueno, cauto y eficaz del monar­ca autocrático, falsario y tiránico. Me propongo hablar en esta ponencia de esa fina línea que separa la eficacia de la tiranía. En esa fina línea el Gobernante hispánico habría de gobernar con matices de embozo y disimulo. Continuar leyendo