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Conciencia y representación: una introducción a Reinhold

Karl Leonhard Reinhold (1758-1826). Filósofo vienés. Su más conocida obra se titula: "Ensayo sobre una nueva teoría de la facultad de representación" (Jena, 1789)

Karl Leonhard Reinhold (1758-1826). Filósofo vienés. Su más conocida obra se titula: “Ensayo sobre una nueva teoría de la facultad de representación” (Jena, 1789)

El filósofo alemán Karl Leonhard Reinhold (s. XVIII-XIX) renovó muchos conceptos de Kant y, enseñando en la Universidad de Jena, introdujo el “principio de la conciencia” como punto fundamental de lo que llamó “Elementarphilosophie”. Dicho principio dio paso a la posterior filosofía del idealismo alemán, cuyos más destacados representantes salieron también de Jena (Fichte, Schelling, Hegel). En su segunda etapa enseñó en Kiel. Se relacionó con grandes figuras de la filosofía alemana. Y su esfuerzo por comprender la representación en la conciencia ha sido generalmente reconocido.

¿Qué significa la veracidad?

Stevens Alfred  (1817-1875): “La verdad y la falsedad”. Grupo escultórico espléndido y audaz, con mucha grandeza y vigor. La verdad está urgiendo a que la falsedad se coma sus palabras.

Stevens Alfred (1817-1875): “La verdad y la falsedad”. Grupo escultórico espléndido y audaz, con vigoroso diseño: La verdad está urgiendo a que la falsedad se coma sus propias palabras.

¿Veracidad o mala fe?

La veracidad, según Jean Paul Sartre, sería la concordancia de lo que el hombre piensa o dice de sí con lo que realmente es. Esta definición tiene cierto parecido con la formulación clásica de la verdad (correspondencia del pensamiento con la cosa); pero sus presupuestos son distintos.

El postulado más básico de Sartre está en su obra El ser y la nada, donde afirma que el hombre es incapaz de veracidad, porque su estado original es de mala fe (mauvaise foi). De modo que si intentara la veracidad, ello sería un signo inequívoco de mala fe. Para aclarar esa extraña tesis, Sartre dice que el hombre no tiene un “ser fijo” y permanente con propiedades concretas. El hombre no es un ser “fijo”, sino una “tarea” de hacerse a sí mismo libremente. La tarea de existir no es, pues, cómoda ni se apoya en una naturaleza previa y consistente; por lo tanto, la vida de cada cual exige un doble esfuerzo: el valor de no caer en un ser fijo, y el coraje de inventarse continuamente. La gran tentación que el hombre sufriría es la de gravitar plácidamente en un ser suyo ya dado; y si acepta esa tentación queda atrapado en una existencia falsa e inauténtica. Si el hombre es un quehacer, una tarea de existir, pero acepta a la vez que hay en él una propiedad concreta y firme (y por tanto “estacionaria”, inamovible), está operando de mala fe, pues se “cosifica” en vez de captarse a sí mismo en su ágil y móvil libertad. La pretendida veracidad (decir algo real y permanente) ocultaría el auténtico existir (fluido, inestable, discontinuo). Continuar leyendo

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