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El mentiroso

Intriga, 1911

James Ensor (1860-1949): “Intriga”. Pinta a los falsos, a los mentirosos que ocultan con una máscara la verdad de quiénes son. Muestra figuras grotescas y alegorías fantásticas en coloridas y enigmáticas escenas. Impactan sus formas, sus colores brillantes y el efectismo psicológico de las máscaras. Participó en los movimientos de vanguardia de comienzos del siglo XX e influyó en el expresionismo y en el surrealismo.

Decir lo falso, decir lo verdadero

Se ha escrito, en tono despectivo hacia los políticos, que una mentira muchas veces repetida acaba por ser tenida como una verdad. Pero esta práctica no se debe sólo a los políticos. Lo cierto es que, como decía Kant, existe “una peligrosa inclinación del corazón humano a sofisticar y sutilizar, es decir, a dar tantas vueltas a una situación que al fin parezca que lo más cómodo es también lo objetivamente justificado”.  Y si no nos damos pronto cuenta de esta trampa que nos tiende nuestra propia finitud y fragilidad, rehuiremos pensar hasta el final las cuestiones que se nos plantean, máxime si nos son incómodas, prefiriendo vivir bajo la mala fe y con una relación ambigua hacia nosotros mismos: en eso estriba un efecto negativo de la mendacidad. Según nuestro diccionario, mendacidad (del latín mendacĭtas) es el hábito o la costumbre de mentir. No es, por lo tanto, un acto pasajero, sino una actitud permanente. El hombre mendaz es el que tiene costumbre de mentir; y lo dicho por el mendaz es engañoso, aparente, fingido, falso. Por el contrario, la esencia de la veracidad consiste en el comportamiento claro y decidido del hombre consigo mismo para decir lo que las cosas realmente son.

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¿Qué significa la veracidad?

Stevens Alfred  (1817-1875): “La verdad y la falsedad”. Grupo escultórico espléndido y audaz, con mucha grandeza y vigor. La verdad está urgiendo a que la falsedad se coma sus palabras.

Stevens Alfred (1817-1875): “La verdad y la falsedad”. Grupo escultórico espléndido y audaz, con vigoroso diseño: La verdad está urgiendo a que la falsedad se coma sus propias palabras.

¿Veracidad o mala fe?

La veracidad, según Jean Paul Sartre, sería la concordancia de lo que el hombre piensa o dice de sí con lo que realmente es. Esta definición tiene cierto parecido con la formulación clásica de la verdad (correspondencia del pensamiento con la cosa); pero sus presupuestos son distintos.

El postulado más básico de Sartre está en su obra El ser y la nada, donde afirma que el hombre es incapaz de veracidad, porque su estado original es de mala fe (mauvaise foi). De modo que si intentara la veracidad, ello sería un signo inequívoco de mala fe. Para aclarar esa extraña tesis, Sartre dice que el hombre no tiene un “ser fijo” y permanente con propiedades concretas. El hombre no es un ser “fijo”, sino una “tarea” de hacerse a sí mismo libremente. La tarea de existir no es, pues, cómoda ni se apoya en una naturaleza previa y consistente; por lo tanto, la vida de cada cual exige un doble esfuerzo: el valor de no caer en un ser fijo, y el coraje de inventarse continuamente. La gran tentación que el hombre sufriría es la de gravitar plácidamente en un ser suyo ya dado; y si acepta esa tentación queda atrapado en una existencia falsa e inauténtica. Si el hombre es un quehacer, una tarea de existir, pero acepta a la vez que hay en él una propiedad concreta y firme (y por tanto “estacionaria”, inamovible), está operando de mala fe, pues se “cosifica” en vez de captarse a sí mismo en su ágil y móvil libertad. La pretendida veracidad (decir algo real y permanente) ocultaría el auténtico existir (fluido, inestable, discontinuo). Continuar leyendo

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