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La naturaleza y las causas, de Juan Poinsot

Carlos de Haes: Vista tomada en las cercanías del Carlos de HaesMonasterio de Piedra (Aragón) 1856

Carlos de Haes:
Vista tomada en las cercanías del Monasterio de Piedra (Aragón)
1856

En la editorial Sindéresis he publicado el libro La naturaleza y las causas (2017)de Juan de Santo Tomásque he traducido para la colección IEHM.
Juan de Santo Tomás (o Juan Poinsot 1589-1644), ilustre profesor en la Universidad de Alcalá, publicó varias obras de contenido filosófico y teológico. Fue uno de los grandes intérpretes de Santo Tomás de Aquino, en quien se inspiró para escribir un amplio y famoso Cursus Philosophicus, concebido en tres grandes partes: una dedicada a la Lógica, otra a la Filosofía de la Naturaleza, y otra dedicada a la Teoría del alma o Psicología. También escribió un monumental Cursus Theologicus, en nueve volúmenes.

Bajo el título “La naturaleza y las causas” incluyó Poinsot cinco cuestiones centrales (IX-XIII) de su Filosofía de la naturaleza.
El texto latino que traduzco de Juan Poinsot pone de relieve el papel de la materia y la forma en el orden físico, presidido por el concepto de naturaleza, entendida como un principio fundamental.

En la Introducción he tratado de contextualizar orgánicamente el contenido de estas cuestiones, importantes para comprender también el concepto de “ley natural”.

 

Fin y finalidad

Joseph Mallord William Turner (1775-1851), “Puesta de sol”. La paleta cromática del pintor, de una gran independencia artística, muestra en esta puesta de sol un referente luminoso que es simbólicamente como el fin, la dirección de quienes hacen su navegación vital en un mundo tecnificado que, a pesar de todo, no es dominado por el hombre.

  1. Terminología y problemas filosóficos

Acepciones del término.- El “fin” traduce el griego τέλος (de aquí, teleología) y el latín finis (teleología y finalidad son equivalentes). Ambos vocablos expresaban la idea de límite, término o cumplimiento. Por tanto, el fin es, en su raíz etimológica, tanto la delimitación de algo o lo que termina algo, como su horizonte o a lo que se dirige un dinamismo para completarse o terminarse. Por otro lado, en sentido temporal es el «momento final»; en sentido espacial, es «límite» o determinación; en sentido intencional, es el cumplimiento de un propósito u objetivo.

Toda la problemática suscitada por la noción de fin no arranca de su carácter de término de una acción, lo producido por el agente, sino de aquello a lo que se dirige la acción, como término de una intención: lo perseguido por el agente, lo que se intenta o pretende. Es aquello por lo que el agente se determina a obrar; es el principio de la acción: aquello por lo que algo es hecho. De este modo, el fin aparece como nudo entre el orden efectivo y el orden intencional. De un lado, el fin-efecto, o «término»: el fin del orden efectivo es el remate de la operación. De otro lado, el fin-causa, o «principio»; sólo es causa cuando, hecha abstracción de que sea término de la obra, el agente lo toma como término de la tendencia y lo hace objeto de sus pretensiones. Tal pre-tensión es previa a aquella otra tensión que acaba en el efecto. El fin-causa es el principal determinante de una pretensión del agente, algo que solicita a éste, que lo atrae: el fin en el orden intencional es como una luz en la operación; es un principio que llama e invita a la causa eficiente para que se mueva a lograrlo. De este modo, el fin-causa (causa final) se remite a la causa eficiente: la índole propia del fin estriba en que mueve o invita a la causa eficiente a que opere y, por tanto, desde el principio dirige su actividad. Sin embargo, la moción que ejerce el fin proviene de su bondad o valor; la fuerza causativa del fin no es otra que la fuerza causativa del bien. El fin esencialmente atrae hacia sí a la causa eficiente; y mediante la causa eficiente se determina a existir[1]. Continuar leyendo

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