Salvador Dalí (1904-1989). “Persistencia de la memoria”. Unos relojes blandos, cada uno con una hora distinta, se funden al sol: simbolizan el hecho de que el tiempo marcado en el reloj no se corresponde con el tiempo de la subjetividad, en el que los recuerdos y las vivencias perviven a través de los instantes.

Salvador Dalí (1904-1989). “Persistencia de la memoria”. Unos relojes blandos, cada uno con una hora distinta, se funden al sol: simbolizan el hecho de que el tiempo marcado en el reloj no se corresponde con el tiempo de la subjetividad, en el que los recuerdos y las vivencias perviven a través de los instantes.

1. Tiempo y conciencia

 

En el hombre es tan importante el ritmo fluyente de su existencia como la concien­cia que él tiene de ese flujo. ¿Qué papel cumple la conciencia en la constitución del tiempo?

En sus Confesiones, San Agustín había llegado a la conclusión de que “no existe ni futuro ni pasado, y que tampoco se puede afirmar en sentido propio que existan tres tiempos, a saber: pa­sado, presente y futuro. Todo lo más que puede decirse es que existen tres tiempos: el presente del pasado, el presente del pre­sente y el presente del futuro. De algún modo todos tres tienen su existencia en el alma, sin que pueda verlos en ningún otro lugar. El presente del pasado es la memoria, el presente del presente es la intuición, y el presente del futuro es la espera”[1]. Dicho de otra manera, no existe tiempo en acto sino en la conciencia humana. ¿Carece entonces de realidad objetiva el tiempo? De ninguna ma­nera: San Agustín sólo indica que si no hubiera conciencia espiri­tual tampoco habría tiempo, el cual es formalmente una «medida»: medida del movimiento. La conciencia a la que aquí se refiere San Agustín es lo que po­dría llamarse «conciencia existencial», la conciencia de sí que acompaña en todo momento al flujo de nues­tro existir. No es ésta una conciencia conceptual; y por relación a ella hablamos del tiempo vivencial.

Tanto para la conciencia conceptual como para la exis­tencial vale la tesis de que el tiempo es una «medida» de duración, la del movimiento sucesivo; porque si no hay medidor (conciencia) tampoco habrá medida: seguirá habiendo cosas medibles, realida­des que duran, pero eso es todo. La culminación formal del tiempo se debe a la numeración actual, a la medición del movimiento he­cha por la conciencia, la cual considera una parte del movimiento en orden a otra. Pero de suyo el tiempo es un ente real, aunque fugitivo e inestable. Continuar leyendo