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Nietzsche y las claves del ateísmo contemporáneo

Friedrich Wilhelm Nietzsche (1844-1900). Filósofo alemán. Hizo una crítica muy intensa a la cultura, la religión y la filosofía occidental. Entre sus principales obras destacan: El nacimiento de la tragedia en el espíritu de la música; Sobre verdad y mentira en sentido extramoral; Humano, demasiado humano; Aurora. Reflexiones sobre los prejuicios morales; La gaya ciencia; Más allá del bien y del mal.

Las transformaciones del espíritu

 

A explicar el sentido de la existencia humana se encaminan las primeras palabras que Nietzsche pone en boca de Zaratustra ‑tras el discurso proemial de su libro Así habló Zaratustra‑, las cuales dibujan el sentido del curso histórico[1]:

«Os voy a hablar de las tres transformaciones del espíritu; de cómo el espíritu se trans­forma en camello, y el camello en león, y el león, finalmente, en niño».

 Voluntad dócil o voluntad heroica ante el pasado; voluntad lúdica ante el presente. La voluntad heroica se precisa para conseguir la más impor­tante, la voluntad lúdica. Estas tres transformaciones acontecen en una soledad sin significados previos, en un desierto de sentido.

 

a) En primer lugar, habla de cómo el hombre se transforma en un ser religioso y moral, aceptando y reverenciando valores que el pasado o la tradición estima transcendentes, con la dócil y humilde actitud del came­llo.

 «¿Qué es pesado?, pregunta el espíritu sufrido, y se arrodilla como el camello y espera a que le carguen. ¿Qué es lo más pesado, héroes?, así pregunta el espíritu sufrido para tomarlo sobre sí y alegrarse de su fortaleza, […] semejante al camello que va cargado al desierto, es decir, que marcha hacia su desierto». Continuar leyendo

Fin y finalidad

Joseph Mallord William Turner (1775-1851), «Puesta de sol». La paleta cromática del pintor, de una gran independencia artística, muestra en esta puesta de sol un referente luminoso que es simbólicamente como el fin, la dirección de quienes hacen su navegación vital en un mundo tecnificado que, a pesar de todo, no es dominado por el hombre.

  1. Terminología y problemas filosóficos

Acepciones del término.- El “fin” traduce el griego τέλος (de aquí, teleología) y el latín finis (teleología y finalidad son equivalentes). Ambos vocablos expresaban la idea de límite, término o cumplimiento. Por tanto, el fin es, en su raíz etimológica, tanto la delimitación de algo o lo que termina algo, como su horizonte o a lo que se dirige un dinamismo para completarse o terminarse. Por otro lado, en sentido temporal es el «momento final»; en sentido espacial, es «límite» o determinación; en sentido intencional, es el cumplimiento de un propósito u objetivo.

Toda la problemática suscitada por la noción de fin no arranca de su carácter de término de una acción, lo producido por el agente, sino de aquello a lo que se dirige la acción, como término de una intención: lo perseguido por el agente, lo que se intenta o pretende. Es aquello por lo que el agente se determina a obrar; es el principio de la acción: aquello por lo que algo es hecho. De este modo, el fin aparece como nudo entre el orden efectivo y el orden intencional. De un lado, el fin-efecto, o «término»: el fin del orden efectivo es el remate de la operación. De otro lado, el fin-causa, o «principio»; sólo es causa cuando, hecha abstracción de que sea término de la obra, el agente lo toma como término de la tendencia y lo hace objeto de sus pretensiones. Tal pre-tensión es previa a aquella otra tensión que acaba en el efecto. El fin-causa es el principal determinante de una pretensión del agente, algo que solicita a éste, que lo atrae: el fin en el orden intencional es como una luz en la operación; es un principio que llama e invita a la causa eficiente para que se mueva a lograrlo. De este modo, el fin-causa (causa final) se remite a la causa eficiente: la índole propia del fin estriba en que mueve o invita a la causa eficiente a que opere y, por tanto, desde el principio dirige su actividad. Sin embargo, la moción que ejerce el fin proviene de su bondad o valor; la fuerza causativa del fin no es otra que la fuerza causativa del bien. El fin esencialmente atrae hacia sí a la causa eficiente; y mediante la causa eficiente se determina a existir[1]. Continuar leyendo

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