Richard Norris Brooke (1847-1920), “Escena del atardecer”. Los mismos sentimientos de amor y libertad embargan a todos los hombres. Brooke pinta con precisión la vida del negro en Estados Unidos, con un tratamiento profundo y nada vulgar, bajo una luz apacible y digna, a pesar de vivir en un nivel jerárquico diferente. Brooke veía a los negros como parte integral de la cultura del sur y quería representarlos como tal.

La ley como regla y medida

1. Cuando los maestros del Siglo de Oro hablan de lo “formal” de una cosa se refieren a lo que le da “forma” a esa cosa, aunque su materia tenga un origen peculiar. Preguntar por el “fundamento formal” de la ley natural equivale a inquirir lo que le da propiamente “forma” a la ley, precisamente la inteligencia. Esos maestros no planteaban una cuestión existencial, acerca del an sit, sino una cuestión acerca del quid sit; en términos fenomenológicos, esa pregunta no se dirige a la “génesis”, sino a la “esencia”, y así fue propuesta esa pregunta por los autores españoles del Siglo de Oro, los cuales no tenían dificultad en aceptar que existía una ley natural.

Incluso las dos palabras que componen el sintagma “ley natural”, o sea, natu­raleza y ley, fueron sometidas, a su vez, al análisis de esencias, para tratar de obtener la inteligibilidad que corresponde a la nueva esencia que ambas com­ponen, la “ley natural”, y precisamente la que se refiere al hombre.

Estamos, en realidad, ante un tipo preciso de ley. Santo Tomás había defi­nido la ley como “una cierta regla y medida de los actos, que induce a uno a obrar o le retrae de ello”[1]. Significa, pues, la ley una regla, una norma activa que encauza a un determinado fin toda la vida del hombre.   Continuar leyendo