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Metahistoria como teoría de la salvación, según Unamuno

Unamuno[1]

Miguel de Unamuno (1864-1936)

 1.  Metahistoria cultural

Unamuno concentra en la doctrina del destino final del hom­bre y del mundo, o sea, en la escatología, su esfuerzo de expli­cación metahistórica. Punto éste que eleva su esfuerzo histo­riológico muy por encima del apuntado por Ganivet. Parte del hecho de que el hombre de carne y hueso posee un deseo radical y permanente de eternizarse, lo cual cumple aplicándose a su vocación civil (culminación cultu­ral); pero esto es insuficiente, ya que debe laborar también y sobre todo por la unión de todos en Dios, o sea, ha de cooperar en la apocatástasis (culminación metafísica). De aquí arranca la tarea que le toca a España desempeñar en el conjunto de nacio­nes (su misión histórica), que no es otra que la de mantener, ex­presar y enseñar a todos los pueblos los contenidos presentes en la tensión entre dialéctica cultural y dialéctica metafísica.

El filósofo vasco siente dolorosamente el problema de la continuidad de su ser espiritual, “problema que no es en el fondo otro que el de la inmortalidad del alma”. Y este problema lo traslada a los pueblos, pues a su juicio, un pueblo “que no se cree inmortal, como tal pueblo, está perdido para el espíritu”[1]. Y aquí entra la historia para determinar su  carácter de pueblo  en la continuidad y en la inmortalidad. La vida física es lucha; la vida espiritual también es lucha, pero contra el eterno ol­vido[2].

Hay dos tipos de eternidad: la eternidad en la historia y la eternidad más allá de la historia. La primera es la  fama : lucha contra el olvido. La segunda es la salvación: lucha contra la  memoria. Continuar leyendo

¿Qué significa ser tradicional?

Paulino Vicente (1900-1990). Capta con especial finura el espíritu de Asturias través de unos personajes normales. Dos generaciones palpitan en un ambiente labriego, siendo el muchacho el que recibe la tradición huertana y las costumbres de sus padres y abuelos.

Paulino Vicente (1900-1990): “De andecha”. La andecha consiste en un trabajo personal, voluntario y gratuito que expresa una reciprocidad equilibrada: “Hoy por ti, mañana por mí”. La andecha se inscribe entre los trabajos que responden a lazos familiares, de amistad o vecindad. El pintor capta con especial finura el espíritu de la andecha a través de unos personajes normales. Dos generaciones palpitan en un ambiente labriego, siendo el muchacho el que recibe la tradición agrícola y las costumbres de sus padres y abuelos.

1. Aspectos de la tradición

 

Desde el punto de vista real, la historia es entrega, tradición. ¿Qué significa esto?

Pueden distinguirse en la tradición dos aspectos: el ontológico y el psicológico, según los cuales ha de hablarse respectivamente de tradición fundante y de tradición consciente. La tradición fundante es la dimensión objetiva que expresa la instalación del hombre en un estilo de vida y la continuidad dentro de la comunidad de lo transmitido; su valor es ontológico, o sea, formal y existencial, como presupuesto indispensable del hombre y de la cultura, los cuales no son posibles sin tradición. La tradición consciente ex­presa la conciencia que el individuo tiene del proceso de heredar, o sea, la percatación de que los contenidos habidos son heredados, de modo que el individuo se considera como eslabón vital unido con generaciones anteriores. Hablemos ahora de la primera.

Lo que determina a un sujeto individual en su identidad social, en su distinción de otro hombre, es un principio de unidad (tanto en el espacio como en la acción) y un principio de continuidad[1], ofrecido éste en la memoria profunda; de modo que, como dice Unamuno, la memoria es al individuo lo que la tradición es al pueblo: “La memoria es la base de la personalidad individual, así como la tra­dición lo es de la personalidad colectiva de un pueblo”[2]. Continuar leyendo

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