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Analogía y orden trascendental en Araujo (s. XVII)

Miniaturas del «Dioscórides» de Viena (Manuscrito del año 515). La galería de aves pretende captar la semejanza o «analogía» entre lo natural y lo pintado, exigiendo al espectador el uso de la analogía, único modo de presentarse como un texto didáctico.

Estas páginas (publicadas en issuu) ofrecen algunas reflexiones filosóficas inspiradas en el maestro salmantino Francisco Araujo (1580-1664). Pertenecen a sus juveniles y admirables «Comentarios a la Metafísica de Aristóteles», escritos en dos tomos. Eran un reclamo dirigido a otros autores que desde el siglo XIV parecían haberse desviado de la doctrina clásica.

De esta gruesa obra, destaco las primeras cuestiones del libro IV, que corren por las sendas de la analogía y del orden trascendental.

Mi interés ha pivotado muy especialmente sobre algunas complicidades metafísicas del término “ser”, que responde unas veces al verbo latino «esse», otras al participio «ens» (que es participio presente neutro del verbo «esse») y al griego «ὄν» (a su vez participio del verbo «εἶναι»).

Así está presente también en las obras medievales y tardomedievales, como las de Suárez, sobre cuyas «Disputaciones Metafísicas» discute a veces Araujo.

Recordaré que la obra más famosa y conocida en el Siglo de Oro sobre el funcionamiento lógico de la mente humana fue el opúsculo de Cayetano titulado “La analogía de los nombres” (De nominum analogía, 1548), donde se indican dos clases de analogía: la de atribución y la de proporcionalidad. Araujo sigue este enfoque. El planteamiento de ambos autores no es un asunto de meros términos, sino fundamentalmente de sentido y concepto, un modo intelectual de acercarnos a las cosas, teniendo como punto de partida, de un lado, lo real, y de otro lado, los conceptos y palabras que lo expresan. Esa analogía está presente en temas tan cercanos como el «amor», el «agradecimiento», la «verdad», el «orden político», etc., temas que que han sido desarrollados en muchas entradas de este blog.

La naturaleza y las causas, de Juan Poinsot

Carlos de Haes: Vista tomada en las cercanías del Carlos de HaesMonasterio de Piedra (Aragón) 1856

Carlos de Haes:
Vista tomada en las cercanías del Monasterio de Piedra (Aragón)
1856

En la editorial Sindéresis he publicado el libro La naturaleza y las causas (2017)de Juan de Santo Tomásque he traducido para la colección IEHM.
Juan de Santo Tomás (o Juan Poinsot 1589-1644), ilustre profesor en la Universidad de Alcalá, publicó varias obras de contenido filosófico y teológico. Fue uno de los grandes intérpretes de Santo Tomás de Aquino, en quien se inspiró para escribir un amplio y famoso Cursus Philosophicus, concebido en tres grandes partes: una dedicada a la Lógica, otra a la Filosofía de la Naturaleza, y otra dedicada a la Teoría del alma o Psicología. También escribió un monumental Cursus Theologicus, en nueve volúmenes.

Bajo el título “La naturaleza y las causas” incluyó Poinsot cinco cuestiones centrales (IX-XIII) de su Filosofía de la naturaleza.
El texto latino que traduzco de Juan Poinsot pone de relieve el papel de la materia y la forma en el orden físico, presidido por el concepto de naturaleza, entendida como un principio fundamental.

En la Introducción he tratado de contextualizar orgánicamente el contenido de estas cuestiones, importantes para comprender también el concepto de «ley natural».

 

Servicio a la persona: respeto, orden, diligencia

Pierre Eduard Frère  (1819-1886): "Sirviendo a sus hermanos".

Pierre Eduard Frère (1819-1886): «Sirviendo a sus hermanos». Poniendo atención razonable a su labor culinaria, la mocita se dispone a repartir la comida a sus hermanos, que impacientes esperan su ración correspondiente.

En casi todos los sectores de nuestra sociedad existen actividades que, bajo el cuño público o privado, se dedican a “servicios”; por ejemplo, “servicio de salud”, “servicios inmobiliarios”, “servicios ecológicos”. Hay servicios de mantenimiento, servicios de reparto, servicio de arriendo, servicios de talleres y otros más. En todos los casos, hay alguien que “da” el servicio y otro que lo “recibe”. De manera que un servicio es, por ejemplo, la actividad entre el proveedor (con sus manzanas tangibles) y el cliente (con su deseo tangible de consumirlas). Pero el interior del acto de servicio mismo no es algo objetivable y tangible ni se puede evaluar con medidas cuantitativas. De este momento “interior” del acto servicial os quiero hablar hoy.

En el ámbito del “hogar” y, más concretamente, en las operaciones orientadas al mantenimiento y cuidado de la familia (actividades culinarias, gastronómicas, higiénicas, etc.), la prestación de un servicio implica siempre referencias externas e internas muy especiales, o sea, relaciones con personas. Precisamente sobre estas relaciones personales os quiero proponer la tesis de «no hay un buen servicio, si no existe un gran respeto a la persona, y si no hay orden ni diligencia».

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RESPETO

El respeto en sentido general

La palabra “respeto” viene del latín respectus, que significa atención y consideración. De modo usual significa veneración, acatamiento que se hace a alguien. En una de sus acepciones también significa  temor: un temor reverencial ante lo que es grande u honorable. Continuar leyendo

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