Johann Gottfried Herder (1744-1803).  De amplia cultura filosófica, teológica y literaria, contribuyó a la aparición del romanticismo alemán. Su modo de ser es pre-romántico y, como tal. Influyó en autores como Goethe. Para Herder la literatura no debe seguir unas pautas o unos modelos, sino la inspiración del genio, enraizado en su época y su entorno cultural. En su principal obra, Ideas para una filosofía de la historia de la humanidad (1784-1791),  enseña que la naturaleza y la historia humana obedecen a las mismas leyes.

Johann Gottfried Herder (1744-1803). De amplia cultura filosófica, teológica y literaria, contribuyó a la aparición del romanticismo alemán. Su modo de ser es pre-romántico y, como tal. Influyó en autores como Goethe. Para Herder la literatura no debe seguir unas pautas o unos modelos, sino la inspiración del genio, enraizado en su época y su entorno cultural. En su principal obra, Ideas para una filosofía de la historia de la humanidad (1784-1791), enseña que la naturaleza y la historia humana obedecen a las mismas leyes.

Polémica de Herder contra la Ilustración

Uno de los efectos de la secularización histórica, ocurrida en la época contemporánea, es el desplaza­miento del interés especulativo hacia aquellas dimen­siones del hombre que pueden tener cierta perdurabi­lidad temporal, hacia sucedáneos intrahistóricos de la inmortalidad personal y única que el Dios cristiano prometía a cada individuo. Y como es evidente que el sujeto empírico ‑mortal‑ no puede cumplir por sí mismo esa misión de inmortalidad, símbolo y presa­gio de la Ciudad de Dios en el mundo, la atención fi­losófica se centró en la construcción sistemática de las individualidades históricas, puntos orgánicos ‑de re­lativa consistencia temporal‑ del despliegue de la humanidad sobre la tierra. Johann Gottfried Herder (1744-1803)[1] describe sus bases antropológicas, pole­mizando con los ilustrados.

Herder se revuelve contra la confianza ilustrada en el poder del método científico-racional, contra la exclusividad de sus leyes universales e inmutables que absorbían lo peculiar de cada período histórico en un esquema intemporal. Y opone al universalismo abs­tracto el nacionalismo concreto, el “Volkgeist” o Espíritu del pueblo.

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Organicismo histórico

Herder ha dado una fórmula de organicismo histó­rico, si por orgánico se entiende lo contrapuesto a mecánico. Las propiedades de lo orgánico son la funcionalidad, la totalidad y la finalidad, determina­das por el carácter fundamental de autoposición y, por tanto, de automovimiento y autoformación.

Aho­ra bien, ni Herder, ni los idealistas que le siguieron, han pensado el «organismo histórico» como un cuer­po «biológico». Simplemente sostienen que la vida histórica se comporta y estructura conforme al prin­cipio de la primacía del todo sobre las partes: no pue­de concebirse mecanicistamente, al modo de un ar­tefacto complicado, sino a la manera de un organismo cuyos miembros están conectados internamente, a pesar de las contradicciones que cada uno pueda traer consigo; pero la totalidad orgánica resuelve y supera tales contradicciones, en virtud de una polarización teleológica que la atraviesa de parte a parte. Nada es indiferente en dicha totalidad coherente: todo sirve para el todo. La heterogeneidad de las partes no es óbice para que estas se combinen de forma que pue­dan realizar las funciones pertinentes.

Pero cada autor entiende de una manera distinta la índole del principio que rige la individualidad histó­rica y el enlace de los individuos. Así, el modelo orgá­nico de Herder tiene un carácter «estético»; el de Fi­chte «moral»; y el de Hegel «dialéctico». Continuar leyendo