Sección: 7.1. Libros de Juan Cruz (página 1 de 2)

Temas relacionados con ley natural

De caelo et mundo (El Cielo y el Mundo)

Sobre el movimiento circular.

Tomás de Aquino. Introducción y traducción de Juan Cruz Cruz, 2019

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Persona, sexualidad, matrimonio

Jan van Eyck Retrato de Arnolfini 1434 Impresión de bellas imagen 1

JAN VAN EYCK El matrimonio Arnolfini (1343)

© Copyright. Juan Cruz Cruz.  Amor y matrimonio. Enfoques de la época romántica. Pamplona,  2019
Imagen de portada: Jan van Eyck: El matrimonio Arnolfini  (1434)

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Analogía y Orden metafísico, en Araujo

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Las páginas de este libro exponen algunas cuestiones metafísicas sobre analogía y orden trascendental que incluyó Francisco de Araujo (1580-1664) en los libros I, IV y V de sus Comentarios a la Metafísica de Aristóteles. El libro está impulsado especialmente por una doble motivación. Primera, la utilización casi normalizada, entre medievales y tardomedievales, del término ens, entendido como nombre o como participio; la mayoría de ellos hace pivotar el orden categorial en el ens ut nomen, en cuyo núcleo resalta primariamente la esencia, pero orientada a la existencia. Segunda, la tesis moderna de Schelling ‒inspirada en esa distinción del “ente”‒, quien da un valor prioritariamente explicativo a la esencia; y así lo expuso Juan Cruz en un libro sobre la última filosofía de este autor.

 

Derecho e Historia. La filosofía de la historia en Kant

Para Kant, el fin de la historia humana es la consecución de la paz política, bajo el imperio del derecho. Admirador de la Ilustración y de la Revolución francesa, se refiere al fin natural de la historia, que consiste en la fundación del reinado de la paz perpetua mediante una perfecta estructura política (Staats-Verfassung) y el desarrollo de todas las potencialidades humanas. Esa fundación es ejecutada (Vollziehung) por fuerzas naturales, sin intervención alguna de elementos sobrenaturales.

Su enfoque filosófico es agnóstico, pues cierra la puerta a un conocimiento que esté fuera de la experiencia posible del hombre, en el que la razón depende de los sentidos. Su teoría de la historia se basa en un universalismo ético, sostenido por la fe moral.

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Este libro es una ampliación del ensayo Derecho e Historia en Kant. El proyecto final de una paz democrática de Juan Cruz Cruz (publicado originalmente en 1985 en la revista Persona y Derecho).

Dialéctica de la presencia sensible: una base del realismo natural

John William Waterhouse (1849-1917)

John William Waterhouse (1849-1917): «Narciso se mira en las aguas». En una recreación colorida y suave del mito clásico, el pintor traza el momento en que Narciso se enamora de su propia imagen reflejada en un estanque e intenta seducir al hermoso joven, sin darse cuenta de que se trata de él mismo, e intenta besarlo. Al comprobar el fenómeno de la apariencia sensible, entristecido de dolor, se da muerte con su propia espada.

La explicación del conocimiento sensitivo ha basculado muchas veces entre los que le niegan toda certeza (como fue el caso de Platón) y los que le conceden total autoridad (como los empiristas). En verdad, la sensación es una operación realista del sujeto y depende del sistema nervioso.

Lo que se debe mostrar es que, para los medievales, las sensaciones encerraban una realidad representativa. Se trata de las sensaciones que, mediante la previa y actual inmutación de un órgano, por la acción directa del objeto, suscitan un conocimiento concreto e inmediato de una realidad presente. La sensación humana no coincide con la de seres irracionales, pues está completada por elementos no sensitivos.

Los sentidos, pues, no son un obstáculo al conocimiento intelectual, sino su condición imprescindible. Bajo este prisma interpreta Tomás de Aquino la experiencia sensible, en la que se implican no sólo los sentidos externos, sino también los sentidos internos, como el sentido común, la fantasía y la memoria.

Uno de los escollos más punzantes y desalentadores superpuesto a la tra­dición aristotélica sobre el conocimiento sensible es la rigidez con que se han mante­nido, hasta el siglo XIX, algunas tesis psi­cofísicas o fi­sio­lógicas que en reali­dad sólo eran hipótesis accesorias ideadas para expli­car fenó­me­nos cuyo funcionamiento se igno­raba. La fuerza de la autoridad –como la de Aristóteles, Galeno o Averroes– era tan abruma­dora en cuestiones puramente científicas que a lo sumo se permi­tía establecer acerca de la hipótesis inicial –que nunca se ponía en tela de jui­cio– otras hi­pótesis subsidiarias que sirvie­ran para decorarla o comple­tarla.

Por ejemplo, para interpretar la influencia del objeto sobre los senti­dos se utilizaba la hipótesis de que las determinaciones que provienen del objeto, especialmente las visuales, tendrían que existir intencionalmente en un medio antes de in­cidir en el sujeto. ¿Cómo es posible, se preguntaban, que la luz y el color –y con parecida expectación se hablaba también del olor y del so­nido– se trans­mitan a grandes dis­tan­cias y, sin embargo, con­­serven su ser real? La explica­ción plau­sible para muchos aristotélicos era que la trans­mi­sión se haría de un modo intencional en un medio adecuado; y si las especies sensibles fuesen materia­les al salir del objeto, llegando inma­teria­les al sen­tido, entonces ha­bían de ser purificadas en el medio para que se tornaran inmateriales. Otra hipótesis básica era también la te­oría humoral, referente a la constitución quí­mica de los cuerpos por elemen­tos naturales simples, tales como el aire, el agua, el fue­go y la tierra. O la hipótesis que implica la exis­tencia fisiológica de spiritus ani­males y vitales que circu­lan por las vías ner­viosas y musculares como dimi­nutos puntos de energías básicas –materiales– de movimiento y pensa­miento.

Es cierto que, si no se penetra en el mecanismo básico que enhe­bra todos estos conceptos, difícilmente podríamos realizar un enfoque histórico que sirviera para pulsar la vitalidad singular del pensamiento que los elaboró. Estamos ante un capítulo sustancioso de la historia de la psicología en Occi­dente.

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Dar y agradecer: el eje interpersonal de la intimidad

Detalles figurativos en un sarcófago etrusco de una pareja casada, conocido como el de “los esposos”. (Museo de la Villa Giulia en Roma). Data del siglo VI a.C. En su actitud cariñosa sorprende la figuración de un amor que mira hacia un futuro eterno.

Detalles figurativos en un sarcófago etrusco de una pareja casada, conocido como el de “los esposos”. (Museo de la Villa Giulia en Roma). Data del siglo VI a.C. En su actitud cariñosa sorprende la figuración de un amor que mira hacia un futuro eterno.

Los fenómenos del “dar” y del “agradecer” vienen a ser como polos de un eje que atraviesa el movimiento intersubjetivo de la intimidad y, por su fuerza atractiva, condensa las demás actitudes intersubjetivas, sirviéndoles de foco referencial, y acreditando la originalidad y la mismidad individual.

Sin forzar la metáfora, puede considerarse la intimidad del ser humano como un enigmático sistema cristalino, cuyo eje de simetría es una línea que pasa a través del cristal. Los sistemas cristalinos se caracterizan por la longitud y posición de sus ejes. Cuando el cristal realiza un giro, ocurre que el mismo aspecto se repite dos o más veces alrededor de la citada línea.

También cada intimidad, en su aspecto intersubjetivo, se caracteriza por la longitud y posición de su eje psicológico, cuyos polos son el dar y el agradecer, y a su alrededor se cuajan las actitudes fundamentales de la vida espiritual orientadas intersubjetivamente.

El crecimiento o la mengua de la intimidad humana está en manos del propio yo humano que da y agradece. De hecho hay actitudes intersubjetivas básicas que –como el amor, la fidelidad, el respeto, la veracidad, la serenidad, el dar, la gratitud, la vergüenza– robustecen la interioridad humana. Otras actitudes contrarias–como el odio, la infidelidad, la procacidad– la debilitan e incluso la anulan.

Los temas indicados expresan actitudes fundamentales de la intimidad, sean cuales fueren los lazos corporales y espirituales que entrañen y las distancias psicológicas que mantengan respecto a las otras personas. El libro que presento se ocupa de estos temas.

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Este libro es una reedición aumentada del libro «Dar y agradecer. El eje interpersonal de la intimidad» publicado en 2015 (ISBN: 978-84-608-2604-0).

Hombre e historia en Vico

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Pintura alegórica recogida en la edición de 1744 de la Scienza Nuova. La mujer con la cabeza alada representa la Metafísica que contempla a Dios, de cuyo ojo sale un rayo que reverbera en una gema prendida en el pecho de la mujer. El rayo se refracta y sale fuera, para significar que la Metafísica conoce a Dios providente en las cosas morales y públicas, en las costumbres civiles, en la historia humana.

El pensamiento de Vico (1668-1744) está regido por el principio de la precedencia psicológica de la espontaneidad sobre la reflexión, en el ámbito de la poesía, del mito, de la retórica, de la praxis y de la historia.

Vico parte a la vez de raíces humanistas y de planteamientos modernos, siendo capaz de enfrentarse a Descartes y contribuir con aspectos filológicos, etnológicos y jurídicos a configurar una obra (la “Ciencia Nueva”) de sorprendente actualidad, en la que están predibujadas tesis de pensadores actuales, como Gehlen, Lévi-Strauss y Chomsky.

En este pensador barroco tuvo sus raíces modernas el surgimiento de las llamadas “Ciencias del Espíritu” a finales del XIX. Él expuso una filosofía del lenguaje y una hermenéutica, dentro de una Filología original, en la que integraba el estudio de la Retórica y de la Poética.  Las investigaciones de Gadamer y Apel sobre Vico recogen y subrayan estas novedades.

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Este libro es una reedición ampliada de «La barbarie de la reflexión. Hombre e historia en Vico» publicado por EUNSA en 1991 (ISBN: 978-84-313-1126-1).

 

Derecho a nacer: tópicos abortistas

Georges La Tour (1593-1652): “El recién nacido” es una delicada escena tratada con cambios de luz que producen un clima intimista y extático. El bebé neonato, que aparece fajado, introduce ternura en ese clima. La forma y el color son trabajados técnica y figurativamente para producir un emotivo impacto psicológico. Con el claroscuro logra calidez en los volúmenes e intensidad en los colores.

Georges La Tour (1593-1652): “El recién nacido” es una delicada escena tratada con cambios de luz que producen un clima intimista y extático. El bebé neonato, que aparece fajado, introduce ternura en ese clima. La forma y el color son trabajados técnica y figurativamente para producir un emotivo impacto psicológico. Con el claroscuro logra calidez en los volúmenes e intensidad en los colores.

Para poner en valor la dignidad de la vida humana desde el momento de su concepción debemos  salir al paso de los discursos que, a favor del aborto, se repiten en muchos países, dentro de campañas políticas y mítines. Tales discursos son, en realidad, tópicos, expresiones triviales: cada una vuelve como un “lugar común” y se formula en conversaciones o escritos periodísticos.

Buena parte de las legislaciones hoy vigentes, en vez de perseguir el hecho del aborto y penalizarlo drásticamente, considerándolo como delito contra la vida de un inocente, abren la mano a su práctica aduciendo razones de múltiple índole: se permite abortar por causa de violación, malformaciones del feto, incesto, peligro para la salud física o psíquica de la madre, dificultades para la futura educación de la criatura, circunstancias económicas, etc. Temas que quiero abordar con ecuanimidad en este libro.

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Esta es una reedición del libro publicado por Acción Familiar en 1990: Tópicos abortistas.

 

Existencia y nihilismo en Jacobi

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Friedrich Heinrich Jacobi (1743-1819) es uno de los pocos filósofos que, sin regentar cátedra universitaria alguna, estuvo inserto con enorme fuerza intelectual, en la atmósfera literaria y filosófica de su época. Hegel estimó que con sus «Cartas sobre Espinosa» (1785) comenzó la filosofía moderna. Fue muy respetado por Fichte, Schleiermacher y Schelling.

Su esfuerzo intelectual se centró en recuperar, a través del órgano espiritual que el llamaba «corazón» (denominado «intelecto» por los clásicos), la inmediatez existencial que la modernidad había perdido con la entronización de la «razón» analítica, un órgano monocular que Jacobi comparaba con Polifemo, el gigante de un solo ojo . A ese objetivo se ordenaban sus tempranas publicaciones, de corte pre-romántico, especialmente sus dos novelas, «Allwill» y «Woldemar».

Pero el sentido de la relación entre la inmediatez existencial del corazón y la mediación conceptual de la razón fue profundizado y matizado en obras filosóficas dirigidas contra Espinosa, Kant, Fichte y Schelling, cuyo núcleo estructural había abierto, según Jacobi, una crisis «nihilista».

Jacobi previó incluso los giros más significativos y problemáticos de la filosofía moderna.

Este libro es una reedición de «Existencia y nihilismo. Introducción a la filosofía de Jacobi«, EUNSA, Pamplona, 1986, 325 págs.

Historia y Metahistoria

El problema del “sentido de la historia” recibió en la «Ciudad de Dios» de San Agustín una solución teológica, bajo las categorías de creación y predestinación.
Dicha tesis tuvo una contestación filosófica resonante a lo largo de los siglos XVIII y XIX en las figuras de Rousseau, Lessing, Fichte, Hegel y Marx, entre otros pensadores que culminaron la historiología dialéctica, no sin antes realizar un proceso de secularización de aquella teología.

Pero al señalar un fin universal al curso histórico, estas filosofías dan un nuevo significado histórico y ético-político no sólo a las expresiones objetivas de la familia (Aristóteles, Herder), de la sociedad (Rousseau, Kant, Fichte) y del estado (Hegel), sino también a las dimensiones antropológicas profundas del trabajo humano (Marx).

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