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Nietzsche y las claves del ateísmo contemporáneo

Friedrich Wilhelm Nietzsche (1844-1900). Filósofo alemán. Hizo una crítica muy intensa a la cultura, la religión y la filosofía occidental. Entre sus principales obras destacan: El nacimiento de la tragedia en el espíritu de la música; Sobre verdad y mentira en sentido extramoral; Humano, demasiado humano; Aurora. Reflexiones sobre los prejuicios morales; La gaya ciencia; Más allá del bien y del mal.

Las transformaciones del espíritu

 

A explicar el sentido de la existencia humana se encaminan las primeras palabras que Nietzsche pone en boca de Zaratustra ‑tras el discurso proemial de su libro Así habló Zaratustra‑, las cuales dibujan el sentido del curso histórico[1]:

«Os voy a hablar de las tres transformaciones del espíritu; de cómo el espíritu se trans­forma en camello, y el camello en león, y el león, finalmente, en niño».

 Voluntad dócil o voluntad heroica ante el pasado; voluntad lúdica ante el presente. La voluntad heroica se precisa para conseguir la más impor­tante, la voluntad lúdica. Estas tres transformaciones acontecen en una soledad sin significados previos, en un desierto de sentido.

 

a) En primer lugar, habla de cómo el hombre se transforma en un ser religioso y moral, aceptando y reverenciando valores que el pasado o la tradición estima transcendentes, con la dócil y humilde actitud del came­llo.

 «¿Qué es pesado?, pregunta el espíritu sufrido, y se arrodilla como el camello y espera a que le carguen. ¿Qué es lo más pesado, héroes?, así pregunta el espíritu sufrido para tomarlo sobre sí y alegrarse de su fortaleza, […] semejante al camello que va cargado al desierto, es decir, que marcha hacia su desierto». Continuar leyendo

El acto eminentemente libre: apunte sobre Juan Poinsot

 

La Casa de las Conchas (1493-1517) de Salamanca. Palacio urbano, de estilo gótico y elementos platerescos renacentistas. Decoran la fachada del edificio flores de lis, blasones, escudos y especialmente las Conchas de Santiago dispuestas a tresbolillo siguiendo la tradición mudéjar de decoración en rombo. Las cuatro grandes ventanas de estilo gótico son de excepcional belleza y variación, no habiendo ninguna igual entre sí. Símbolo de de una especial libertad y fuerza.

La Casa de las Conchas (1493-1517) de Salamanca. Palacio urbano, de estilo gótico y elementos platerescos renacentistas. Decoran la fachada del edificio flores de lis, blasones, escudos y especialmente las Conchas de Santiago dispuestas a tresbolillo siguiendo la tradición mudéjar de decoración en rombo. Las cuatro grandes ventanas de estilo gótico son de excepcional belleza y variación, no habiendo ninguna igual entre sí. Símbolo de de una especial libertad y fuerza.

1. Libertad dialéctica e indiferencia ontológica

 

1. Uno de los puntos que diferencian la filosofía medieval de la mo­derna con­siste en que aquélla admitió la posibilidad de una li­bertad que no fuese ni una expresión de mera fragilidad ni una búsqueda consti­tutiva y continua; o dicho de otro modo, consideró la posibilidad de un acto humano voluntario perfecta­mente saturable o saciable, no remitido a ulterior complemento.

Ese punto se encuentra ligado a los muchos vectores medievales metafísicos que sufrieron variaciones y reorientaciones en la modernidad. Por ejemplo el vector que une la “voluntad de fines” a la “voluntad de medios” lleva consigo el vector que une el intelecto a la razón, interpretado a veces de tal manera que hizo desaparecer la aportación original que el pensamiento medieval atribuyó al inte­lecto[1] y, con ello, a la voluntad de fines.

A propósito de la voluntad humana, esa reorientación moderna ha impedido valorar la tesis tomista[2] de que un acto “eminentemente libre” pueda no ser “formalmente libre”. Esta terminología expresa un problema que se refleja en algunas preocupaciones modernas.

Por ejemplo, cuando Schelling afirma que la libertad es un “poder del bien ‘y’ del mal”[3], obliga a pensar que con esa “y” copulativa se estructura formal­mente la libertad o que ésta no debe ser comprendida de otra ma­nera. La liber­tad humana sería constitutivamente dialéctica, braceando siempre entre los opuestos del bien y del mal: aquí se hermana la fragilidad antropológica con la pujanza dialéctica. Me propongo mostrar que, en la línea histórica interna que va de Santo Tomás a la Escuela de Salamanca, existe el convencimiento de que la voluntad se rige inter­namente por un ámbito meta-dialéctico universal que hace posible una libertad superadora de la “indiferencia” psicológica propia de la libertad dialéctica. Continuar leyendo

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