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23 mar 2015

Dar y agradecer: el eje interpersonal de la intimidad

por Juan Cruz Cruz

Presiden este libro los fenómenos del “dar” y del “agradecer”, que vienen a ser como polos de un eje que atraviesa el movimiento intersubjetivo de la intimidad y, por su fuerza atractiva, condensa las demás actitudes intersubjetivas, sirviéndoles de foco referencial, y acreditando la originalidad y la mismidad individual.

Sin forzar la metáfora, puede considerarse la intimidad del ser humano como un enigmático sistema cristalino, cuyo eje de simetría es una línea que pasa a través del cristal. Los sistemas cristalinos se caracterizan por la longitud y posición de sus ejes. Cuando el cristal realiza un giro, ocurre que el mismo aspecto se repite dos o más veces alrededor de la citada línea.

También cada intimidad, en su aspecto intersubjetivo, se caracteriza por la longitud y posición de su eje psicológico, cuyos polos son el dar y el agradecer, y a su alrededor se cuajan las actitudes fundamentales de la vida espiritual orientadas intersubjetivamente.

El crecimiento o la mengua de la intimidad humana está en manos del propio yo humano que da y agradece. De hecho hay actitudes intersubjetivas básicas que –como el amor, la fidelidad, el respeto, la veracidad, la serenidad, el dar, la gratitud, la vergüenza– robustecen la interioridad humana. Otras actitudes contrarias–como el odio, la infidelidad, la procacidad– la debilitan e incluso la anulan.

Los temas indicados expresan actitudes fundamentales de la intimidad, sean cuales fueren los lazos corporales y espirituales que entrañen y las distancias psicológicas que mantengan respecto a las otras personas.

12 mar 2015

Hombre e historia en Giambattista Vico

por Juan Cruz Cruz
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Pintura alegórica recogida en la edición de 1744 de la Scienza Nuova. La mujer con la cabeza alada representa la Metafísica que contempla a Dios, de cuyo ojo sale un rayo que reverbera en una gema prendida en el pecho de la mujer. El rayo se refracta y sale fuera, para significar que la Metafísica conoce a Dios providente en las cosas morales y públicas, en las costumbres civiles, en la historia humana.

El pensamiento de Vico (1668-1744) está regido por el principio de la precedencia psicológica de la espontaneidad sobre la reflexión, en el ámbito de la poesía, del mito, de la retórica, de la praxis y de la historia.

Vico parte a la vez de raíces humanistas y de planteamientos modernos, siendo capaz de enfrentarse a Descartes y contribuir con aspectos filológicos, etnológicos y jurídicos a configurar una obra (la “Ciencia Nueva”) de sorprendente actualidad, en la que están predibujadas tesis de pensadores actuales, como Gehlen, Lévi-Strauss y Chomsky.

En este pensador barroco tuvo sus raíces modernas el surgimiento de las llamadas “Ciencias del Espíritu” a finales del XIX. Él expuso una filosofía del lenguaje y una hermenéutica, dentro de una Filología original, en la que integraba el estudio de la Retórica y de la Poética.  Las investigaciones de Gadamer y Apel sobre Vico recogen y subrayan estas novedades.

9 mar 2015

Las ideologías en la cultura

por Juan Cruz Cruz

Michelangelo Merisi de Caravaggio (1571-1610). Cabeza de Medusa, de 1597, muestra la cabeza del animal mitológico con sangre brotando del cuello.

Michelangelo Merisi de Caravaggio (1571-1610). Cabeza de Medusa, de 1597, muestra la cabeza del ser mitológico con sangre brotando del cuello. Las serpientes vendrían a ser las ideologías que  acaparan el pensamiento y ahogan la verdad de las cosas.

Ideología y cultura

1. En la medida en que todas  las aspiraciones del mundo de la praxis conquistan el ámbito de la cul­tura[1] y desalientan el auténtico saber, se pierde también la libertad cultural. Esa es la vía de la autodes­trucción de la cultura: que venga a ser un saber al servicio de un determinado sistema de poder ajeno a ella misma, a su va­lor teo­rético, renunciando a su tarea de trascender el mundo de la praxis. A esta reducción hay que llamar ideología y por ella se desvir­túa la relación que se establece entre sociedad y cultura[2].

El marxismo ha sabido ver agudamente la estructura de la ideo­logía, como expresión de los intereses o las necesidades de un grupo social. Marx no usó el término “ideología” para designar su posición, sino la de sus adversarios burgueses. Para Marx y Engels la ideología encierra por lo menos tres notas fundamentales.

La ideología es, en primer lugar, una supraestructura. Para Marx las ideas no se despliegan según la lógica postulada por un vago idealismo, sino que están determinadas por la base de los fac­tores externos del orden social. La ideología es así un sistema de determinadas concepciones, ideas o representaciones sobre las que se apoya una clase o un partido político. leer más…

9 mar 2015

Sobre la utopía

por Juan Cruz Cruz
Paul Signac : “Au temps de l’armonie” (1895): La edad de Oro no está en el pasado, sin en el futuro.

Paul Signac : “Au temps de l’armonie” (1895): La Edad de Oro no está en el pasado, sin en el futuro.

 

Ideología y utopía

La reacción antiidealista del siglo XIX no fue, en modo alguno, un rompimiento con el principio de absoluta afirmación antro­pocéntrica. El método de las ciencias modernas ofrecía un estí­mulo para refugiarse en una fluctuante actitud antimetafísica, có­moda en muchos aspectos. Por otra parte, los fenómenos de masas unidos a la creciente industrialización originaban problemas socia­les, económicos y políticos de gran magnitud. A la actitud filosó­fica, oscilantemente antimetafísica, volcada a la solución de estos problemas socio-económicos, se le llamó positivismo social o so­cialismo positivista, cuyos inspiradores fueron Saint-Simon, Fou­rier y Proudhon; su máximo exponente fue Comte. Para todos ellos, los fenómenos sociales debían de ser tratados como los acontecimientos físicos: hasta ese punto primaba el poder del método científico-positivo.

La doctrina social de estos autores ofrece contenidos que ya fueron conocidos por pensadores antiguos incluso, como la comu­nidad de bienes y la supresión de la propiedad privada. Pero se presentan ahora bajo el apremio de la sociedad industrial, de las grandes masas obreras, sometidas a una larga e insegura jornada laboral. El liberalismo económico, enfundado en la gran revolu­ción industrial de finales del s. XVIII, llevó a la proletarización o empobrecimiento de muchedumbres ciudadanas. La moral que mantiene y empuja la empresa de justicia está regida por la ley del progreso, en virtud del cual la sociedad entera marcha hacia una futura felicidad perfecta y justa. Pues bien, a una sociedad ideal sin taras y sin clases, similar a la preconizada por los filántropos de­cimonónicos, ciudad realizada en la comunidad de bienes, llamó Tomás Moro, en el siglo XVI, «utopía». leer más…

12 feb 2015

Qué significa admirarse

por Juan Cruz Cruz
Rafael Sanzio: “La Escuela de Atenas” (1510-1511). La escena representa la Filosofía y  la disputa entre los filósofos clásicos. En la parte superior central está Platón, con manto rojo, que sostiene su Timeo, señalando al cielo; a su lado, con manto azul, está Aristóteles, que sostiene su Ética, señalando a la tierra. Todos debaten sobre la búsqueda de la Verdad, clave de la admiración. También han sido identificados otros pensadores, como Sócrates, Epicuro, Plotino, etc.

Rafael Sanzio: “La Escuela de Atenas” (1510-1511). La escena representa la Filosofía y la disputa entre los filósofos clásicos. En la parte superior central está Platón, con manto rojo, que sostiene su Timeo, señalando al cielo; a su lado, con manto azul, está Aristóteles, que sostiene su Ética, señalando a la tierra. Todos debaten sobre la búsqueda de la Verdad, clave de la admiración. También han sido identificados otros pensadores, como Sócrates, Epicuro, Plotino, etc.

Inteligencia y voluntad en la admiración

Los estilos de vida específi­camente humanos –como el obrar y el contemplar– no sólo vie­nen marcados por el signo de la inteligencia, sino también por el de la voluntad. Porque uno no se entrega a la contemplación si no quiere. Ni se hace moralmente bueno en contra de su voluntad: ha de quererlo. Por tan­to, sea cual fuere el estilo de vida aceptado, hay que prestar atención a la libre entrega misma que uno hace al estilo de vida. No obstante, aunque uno opte libremente por hacer su mejor vida, que es la contemplativa, es claro que en la especi­ficación interna de esta contemplación, marcada por la verdad, no entra la volun­tad, que se dirige al bien. Pero lo cierto es que la verdad se nos manifiesta también como un bien deseable, un bien por el que podemos optar. «Por ser la verdad el fin de la contemplación, tiene aspecto de bien apetecible, amable y deleitable, y según este aspecto, dice relación a la vo­luntad»[1]. La opción arranca de mi volun­tad, la cual desem­boca en la posesión de lo querido: o sea, tiene como punto terminal un gozo.

En conclusión, con mi vo­luntad quiero la vida contem­plativa para, también con mi volun­tad, gozarme en ella. «Se llama vida con­templativa la de aquellos que pretenden (inten­dunt) princi­palmente contemplar la verdad. Pero esta pretensión (intentio) es acto de la voluntad, pues­to que se refiere al fin, que es su objeto. Por consiguiente, la vida contemplativa pertenece esencialmente a la inteligencia, pero en cuanto al im­pulso de ejer­cer tal operación (id quod movet ad exercitium) perte­nece a la voluntad, que mueve a todas las demás facultades, sin excluir la inteligencia, a sus actos [...]. Y pues­to que el gozo consiste en alcanzar lo que se ama, el término de la vida contemplativa es el gozo, que radica en la voluntad y que, a su vez, aumenta el amor»[2]. La contemplación, pues, termina en la voluntad.

Y es natural que acabe en un afecto provocado por el conoci­miento, co­mo el sentimiento de admiración, admira­tio, el cual no es acción intelectual, sino volitiva o afectiva, aun­que pro­vocada por el conocimiento, por la verdad: es «una forma de estremeci­miento temeroso pro­ducida en nosotros por el conocimiento de algo que excede nues­tro poder; por lo tanto, es consecuencia de la contemplación de una verdad su­blime»[3].

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10 feb 2015

Un estilo inteligente de vida: la contemplación

por Juan Cruz Cruz
Salomon Koninck, "Un filósofo" (1635)

Salomon Koninck (1609-1656), “Un filósofo”. Las manos del personaje nos hablan de una extraña serenidad, una quietud activa, unida a una expresiva potencia. La escasez de luz natural no impide mostrar la tez blanca de la ancianidad.

Obrar y contemplar

Los clásicos griegos y latinos no dejaron de preguntarse cuál era en la sociedad humana el estilo de vida más funda­mental. No se trataba de buscar en qué consiste realmente la vida misma, la vida sustancialmente tomada, cuestión que equi­vale a la del ser propio de los vivientes[1]. Se preguntaban sólo por las ope­raciones vitales específicamente humanas, las que rigiéndose por la inte­ligencia polarizan radi­calmente en la sociedad el vivir mis­mo del hombre, en tanto que éste busca individualmente su perfección y socialmente sus mejo­res relaciones con los demás. Para responder bastaba con indicar los fines más generales a los que  podían dirigirse las distintas operaciones, pues «cada uno reputa como su propia vida aquello a lo que se siente máxi­ma­mente atraído, como el filósofo a filosofar y el cazador a cazar»[2]. Estos fines ge­nerales hacen surgir dos estilos de vida funda­mentales: un fin gene­ral es la «con­templación de la ver­dad»; y otro fin general es la «opera­ción exte­rior». Los rasgos funda­men­tales de la vida humana en sociedad son la dedica­ción a con­tem­plar la verdad y la dedi­ca­ción a las obras exterio­res[3].

He ahí los estilos de vida básicos: operar y contemplar; pero son estilos «intelectuales» de vida, puesto que es la inteligencia la que capta y conoce tales fines. Por ejemplo, el aisla­miento del hombre en el goce pura­mente sensible, desconec­tado de relaciones espirituales y persona­les, hace que la vida humana baje un pel­­daño en la escala de la perfección que le es propia; asimismo, el «activismo», la «praxis», la «tecnifi­cación» unilateral y la obsesionada entrega al mundo del trabajo, tan característicos de la vida moderna, no pueden con­siderarse cono partes de la vida activa humana, sino como modos de su mixtificación. «La vida hu­ma­na ordenada –ya que de la desorde­nada no tratamos aquí, ni es propiamente humana, sino más bien animal– consiste en las operaciones de la inteligencia. Pero la vida intelectual tiene dos opera­ciones: una que pertenece a la misma inteligencia en sí misma consi­derada, y otra que le pertenece en cuanto que rige las facultades y fuerzas inferiores. Luego la vida humana será doble: una que consiste en la opera­ción propia de la inteligencia en sí misma, y ésta se llama contem­plativa; y otra que consiste en las opera­ciones de la inte­ligencia diri­gidas a ordenar, regir e impe­rar las facultades inferio­res, y ésta se llama vida acti­va»[4]. leer más…

1 feb 2015

Un libro sencillo sobre el mal

por Juan Cruz Cruz

 

Tiziano Vecellio (1490-1576): "Caín y Abel". En este lienzo se muestra el manierismo de Tiziano en su apogeo: con el movimiento en espiral de las figuras, las posturas contrapuestas y las diagonales que se cruzan, para mostrar la fuerza del mal.

Tiziano Vecellio (1490-1576): “Caín y Abel”. En este lienzo se muestra el manierismo de Tiziano en su apogeo: con el movimiento en espiral de las figuras, las posturas contrapuestas y las diagonales que se cruzan, para mostrar la fuerza del mal.

Hace tiempo que un amigo, ya fallecido, puso en mis manos una traducción de la obra titulada Problemas y misterios del mal, compuesta en francés por Roger Verneaux y editada en la Editions di Vieux Colombier, París 1956, al parecer ya desaparecida. He leído que la editorial Herder publicó una traducción de esta obra en 1972, pero no he logrado encontrar ejemplares de ella.

Por mi parte, realicé una atenta lectura de aquella traducción, procuré corregirla y pulirla, aunque nunca llegué a estar satisfecho del trabajo realizado. Hoy me atrevo a publicarla en esta web de leynatural.es, en el mismo estado en que la dejé hace diez años. Sólo he podido conseguir que se lea de corrido, sin apenas galicismos, intentando siempre que el pensamiento original de Verneaux fluyera limpio.

Véase en pdf:  Problemas y misterios del mal

La pretensión de Roger Verneaux es presentar en esta obra el esbozo de un tratado general sobre el mal de acuerdo a las ideas clásicas de la filosofía.  Aunque existen editadas síntesis de éste tipo, el libro tiene su utilidad, por la claridad de exposición, la atinada trabazón de los argumentos y sus más que razonables conclusiones. Así visto, es un compendio muy pedagógico que, para el lector avisado, ofrece un discurso a la vez profundo y sencillo. Tiene además la rara cualidad de que no deja sin examen ninguna cuestión esencial sobre el mal y sus implicaciones antropológicas, morales e incluso teológicas. Presenta en su propio contexto  las perspectivas sociológicas, existenciales y espirituales. Obvia el menor desarrollo patético, cosa que sería a la vez fácil y vana.

Entre las perspectivas metafísicas destaca el mal como problema y misterio, subrayando su estatuto ontológico, sus clases, sus causas y su presencia en el mundo.

Le siguen las perspectivas teológicas, como la permisión del mal, el motivo de la creación, la providencia y predestinación, el origen del mal humano y las razones del pecado.

En fin, dentro de las perspectivas morales estudia la falta, el pecado, la tentación, la pena y el infierno.

Sólo espero que los lectores de estas páginas de leynatural.es puedan tener, con este libro sobre el mal, una ayuda adecuada para entender el sentido de la vida humana, en sus principales direcciones.

El texto se ofrece aquí con su contenido completo.

23 ene 2015

Saber que no se sabe: la estudiosidad

por Juan Cruz Cruz
Rembrandt (1606-1669): "Clase de anatomía".

Rembrandt (1606-1669): “Lección de anatomía”. El cuadro presenta aquello de lo que se trataba por entonces en el mundo del conocimiento anatómico, seguido por unos atentos cirujanos.

Saber que no se sabe: ¿un conocer teórico?

A la pitonisa de Delfos se le preguntó una vez: “¿Quién es el hombre más sabio de Grecia?”. Ella respondió lacónicamente: “Sócrates”. A su vez Platón, en la Apología de Sócrates, pone en boca de su genial maestro la siguiente frase:  ”Este hombre cree que sabe algo, mientras que no sabe nada. Y yo, que igualmente no sé, tampoco creo saber”.

De ahí pasó a la tradición occidental la importancia del no-saber: “scio me nihil scire”, “scio me nescire” (sólo sé que no sé nada).

Puede hacerse sobre esta frase una consideración teórica; pero también otra práctica. Según la primera, el hombre conoce por conocer, por penetrar en la verdad universal y necesaria de las cosas, sin atender a nada más. Según las segunda, el hombre conoce para obrar, especialmente para obrar bien o moralmente: se trata de un conocer que no está dirigido a las cosas universales, sino a las singulares y contingentes de nuestra existencia, con las que tenemos que hacer una vida buena.

Comenzaré por la teórica. Muchos  autores  han indicado normalmente que Sócrates no quiso decir que no sabía nada de nada, sino que aquello que sabía no lo conocía con certeza cabal. Sócrates pretendía cambiar el enfoque de quienes se aferraban a su propia opinión, sin buscar argumentos más sólidos y convincentes, o sea, sin abrirse a una búsqueda inteligente y progresiva de la verdad de las cosas humanas. leer más…

29 dic 2014

Derecho a nacer: tópicos abortistas

por Juan Cruz Cruz

Este libro quiere poner en valor la dignidad de la vida humana desde el momento de su concepción, saliendo al paso de los discursos que, a favor del aborto, se repiten en muchos países, dentro de campañas políticas y mítines. Tales discursos son, en realidad, tópicos, expresiones triviales: cada una vuelve como un “lugar común” y se formula en conversaciones o escritos periodísticos.

Buena parte de las legislaciones hoy vigentes, en vez de perseguir el hecho del aborto y penalizarlo drásticamente, considerándolo como delito contra la vida de un inocente, abren la mano a su práctica aduciendo razones de múltiple índole: se permite abortar por causa de violación, malformaciones del feto, incesto, peligro para la salud física o psíquica de la madre, dificultades para la futura educación de la criatura, circunstancias económicas, etc

29 dic 2014

Existencia y nihilismo en Jacobi

por Juan Cruz Cruz

 

Friedrich Heinrich Jacobi (1743-1819) es uno de los pocos filósofos que, sin regentar cátedra universitaria alguna, estuvo inserto con enorme fuerza intelectual, en la atmósfera literaria y filosófica de su época. Hegel estimó que con sus “Cartas sobre Espinosa” (1785) comenzó la filosofía moderna. Fue muy respetado por Fichte, Schleiermacher y Schelling.

Su esfuerzo intelectual se centró en recuperar, a través del órgano espiritual que el llamaba “corazón” (denominado “intelecto” por los clásicos), la inmediatez existencial que la modernidad había perdido con la entronización de la “razón” analítica, un órgano monocular que Jacobi comparaba con Polifemo, el gigante de un solo ojo . A ese objetivo se ordenaban sus tempranas publicaciones, de corte pre-romántico, especialmente sus dos novelas, “Allwill” y “Woldemar”.

Pero el sentido de la relación entre la inmediatez existencial del corazón y la mediación conceptual de la razón fue profundizado y matizado en obras filosóficas dirigidas contra Espinosa, Kant, Fichte y Schelling, cuyo núcleo estructural había abierto, según Jacobi, una crisis “nihilista”.

Jacobi previó incluso los giros más significativos y problemáticos de la filosofía moderna.

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